Andorra, el paraíso donde Joan Mir ha encontrado la calma para proclamarse campeón del mundo

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La valentía se le presupone a los pilotos de motos, pero muchas veces es tan importante arriesgarse como saber cuándo debe aflojar. Hay infinidad de ejemplos en el mundo de las dos ruedas (y de las cuatro) en el que grandes pilotos no logran éxitos por su exceso de ímpetu. No es el caso de Joan Mir.El campeón del mundo de MotoGP de 2020 ha sabido aprovechar su inesperada oportunidad. En su segundo año en la máxima categoría, con una moto que no era ni mucho menos la gran favorita, ha sabido sumar más y mejor que sus rivales, aunque la ausencia de Marc Márquez de la competición ponga un asterisco obligado a su año. ¿Habría logrado Mir el primer título de su carrera en la máxima categoría, segundo tras el de Moto3 de 2017, con el de Cervera en pista?Aunque no podrá evitar esa incógnita, lo cierto e inamovible es que Joan Mir se ha convertido en el cuarto español en conseguir un título en la élite del motociclismo, y segundo proveniente de Palma de Mallorca. Tras Jorge Lorenzo (cuyo padre ahora también se cuelga medalla), Mir es el segundo balear que ha logrado semejante gesta.Sin embargo, no es en Palma donde tiene su Sancta Sanctorum. Mir, siendo casi un niño, se trasladó a Valencia para inscribirse en la Cuna de Campeones, la escuela de jóvenes talentos que se fomentó en el circuito Ricardo Tormo, precisamente donde ha tocado la gloria. Una vez catapultado desde ahí al Mundial, previo paso por el CEV Repsol, pronto empezó a destacar y apenas nada más llegar a Moto3 se hizo con el título y arrasando: 341 puntos en 18 carreras y diez victorias, ambas récord de la categoría de bronce.Fue en 2018 cuando decidió, como otros pilotos, cambiar de aires. Se lo dijo a su novia Alejandra (que es gimnasta), y encontró en las montañas de Andorra un paraíso. Además de las ventajas económicas que conlleva, es la tranquilidad que tiene en el Principado lo que le ha llevado a trasladar su domicilio allí. Como Fabio Quartararo, Maverick Viñales y los Espargaró entre otros, Mir tiene un pequeño refugio allí donde goza de la tranquilidad de mente y cuerpo que necesita.Este año, además, se vio con una pequeña ventaja. Andorra se desconfinó antes que España, por lo que pudo empezar a entrenar en moto unas semanas antes que algunos de sus rivales. Pero esa paz de espíritu es la que le ha permitido mantener la calma y saber concentrarse en lo que debía. A diferencia de otros como el mismísimo Rossi, él ha esquivado contagiarse de coronavirus: sabía que ese era el gran enemigo. Si acababa todas las carreras, podía ser campeón. De una manera casi obsesiva, se tomó muy en serio las medidas de seguridad para lograr su hito.Ocho podios en 14 carreras, sólo uno de ellos como vencedor, le han permitido a Mir entrar en los libros de historia del motociclismo mundial. De Suzuki y de él mismo depende que en 2021, ya con Márquez (en teoría) de vuelta, demostrar que esto no fue flor de un día. Seguro que pensará sobre ello cuando vuelva a respirar en su casa de Andorra.

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