Constitución sustentable 2021… y más allá

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Matías Concha

Dicen que la felicidad es función de las expectativas. Así, en relación con el gran desafío de construir una nueva Constitución, ¿cuáles son las expectativas que hemos generado desde distintos ámbitos? Entre ellas, ¿cuál es aquel atributo que transversalmente nos logre unir para dejar atrás la trinchera y abrir un proceso de diálogo constructivo que perdure en el tiempo?

Si partimos de la base de que lo que se va a construir es una carta que se espera perdure por generaciones, necesariamente habrá que balancear el corto con el largo plazo, en donde observamos que, para construirlo, existen legítimas posiciones fundamentadas en los derechos de las personas, el medioambiente y la naturaleza -y en el rol del Estado- que van a jugar un importante papel al momento de avanzar en la discusión constitucional.
Ahora bien, ¿qué pasa si se cuestiona la propiedad privada como concepto y se detiene la inversión que sostiene el desarrollo? ¿Cómo promover la mejora de los sueldos y consecuentemente mejorar la calidad de vida de las personas si no existe un sistema que requiera de personal más calificado y productivo que lo sustente? ¿Qué pasa cuando se prioriza la gratuidad por sobre la calidad de la educación pública en crear las nuevas estructuras habilitantes y conocimientos que mejor permitan salir del subdesarrollo? ¿Qué pasa cuando, en un contexto de calentamiento global, se dota a los glaciares de derechos en una zona reducida y se termina afectando la calidad de vida de muchas personas en una extensa cuenca?
El punto es que, entendiendo la defensa de los valores de distintas posiciones, nos apoyemos en la ciencia y veamos cómo los principios, por legítimos que sean, se van a enfrentar para finalmente desarrollar una propuesta que ponga al centro la dignidad del ser humano y priorice el bien común. Ahora bien, el objetivo que en un principio puede haber sido social, ambiental o económico nunca va a lograrse sin incluir a la palabra sustentabilidad en la conclusión o acuerdo que se genere, ya que la sustentabilidad es lo opuesto al populismo y les da profundidad y sentido a las políticas públicas.
Construir derechos desde una posición y agregar a otros sin relacionarlos puede ser políticamente efectivo en el corto plazo. Pero saltar a la cancha, dialogar y edificar sobre la base de un propósito de bien colectivo les da sentido a nuestras vidas y es el gran desafío que nos convoca. En vez de tener una Constitución que sea una suma de protecciones directas o simplistas a distintas problemáticas que eventualmente hipotequen un problema sistemático futuro, entendamos esos mismos dolores para contextualizarlos y construir una solución anclada en la sustentabilidad como concepto unificador.
Dicho de otro modo, la sustentabilidad es una palabra que, puesta al servicio del ser humano, puede ser la gran protectora de la naturaleza, mejorar efectivamente la calidad de vida de las personas, dotar de propósito al emprendimiento e innovación y permitir que al momento de tener legítimas diferencias, podamos entablar un diálogo que promueva la convergencia hacia un bien común.

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