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Por Raúl R. VegaPosiblemente, en un tiempo, cuando echemos la vista atrás o alguien nos pregunte sobre las dos primeras décadas deportivas del siglo XXI, miraremos al cielo y suspiraremos, como ya hizo en su día la señora de ‘Titanic’ recordando que cualquier tiempo pasado con Di Caprio fue mejor. Contaremos que entre 2000 y 2020 pudimos disfrutar con los mejores deportistas que nunca hubo. No es exageración: nadie ha volado sobre el tartán como Usain Bolt, batiendo récords, colgándose medallas de oro durante tres Juegos Olímpicos… y sonriendo mientras firmaba el libro de la historia en cada metro. Y como un lejano cometa, cada cierto tiempo, nos quedamos boquiabiertos ante la pequeña y enorme presencia de Simone Biles. Y tuvimos la fortuna de ver a un ser humano ser delfín en la piscina, acaparando 8 medallas de oro en una misma cita olímpica. Semejante egoísta responde al nombre de Michael Phelps. Y la lista sigue, historia interminable: Roger Federer, Serena Williams, Lewis Hamilton, Lindsay Vonn, Eliud Kipchoge, Valentino Rossi, Tiger Woods… Y en España ¿qué? Sabido es que por estas tierras siempre nos fue mejor hacer las cosas en compañía. Por algo nos habrán prohibido las reuniones sociales… Apenas hay disciplinas colectivas en las que nuestro país no haya ocupado durante estas dos décadas el podio mundial, chicas y chicos: baloncesto, balonmano, waterpolo, hockey… y el balompié. Finalmente, el deporte rey, con el que más lata damos siempre, abandonó el diván y demostró que se puede y debe ganar al fútbol jugando bien al fútbol. Los maravillosos bajitos levantaron dos Eurocopas y un Mundial, rodando quizás el segundo deportivo más sublime en toda la historia del deporte español: aquel balón congelado en el aire y su cita con la bota de Iniesta. Apenas han pasado diez años de ese instante y cuánto lo echamos ya de menos. A la altura de aquella gesta inolvidable solo se sitúa en estos 20 años una persona llamada Rafael Nadal Parera, posiblemente –y sin posiblemente– el mejor deportista español de la historia, sin olvidar a otros compañeros de viaje como Pau Gasol y sus dos anillos de la NBA, el bicampeón mundial de F-1 Fernando Alonso, Alberto Contador o Marc Márquez, el tirano de MotoGP. El inventario patrio sería absurdo y quedaría huérfano sin nombres como el de Carolina Marín, Mireia Belmonte, Lydia Valentín, Amaya Valdemoro, Ruth Beitia, Ona Carbonell, Teresa Perales, Gisela Pulido, Edurne Pasaban y tantísimas mujeres que en este siglo han reclamado a base de victorias y esfuerzo el protagonismo español que nunca tuvo el deporte femenino. Solo queda ya rezar para que la pandemia acabe pronto, el deporte vuelva a quitarse los grilletes y nosotros disfrutemos, como ya hicimos durante estos 20 años en los que España ganaba a todo. Y qué bien sentaba.EN POSITIVO. El poderío del deporte femenino español ha tenido un fiel reflejo en los  Jegos Olímpicos. Hasta la cita de Londres 2012, los deportistas siempre se habían colgado más medallas olímpicas que ellas, pero eso cambió en la capital británica, donde hubo un 13-6 a favor de las olímpicas. La situación se repitió en Río 2016, con 9 medallas femeninas y 8 masculinas.REPORTAJES

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