Descarbonización: mucho ruido y pocas nueces

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El pasado martes 29 de diciembre, en una ceremonia encabezada por el Presidente Sebastián Piñera, AES Gener apagó la central a carbón Ventanas 1, la que funcionó durante 56 años en la Bahía de Quintero. Si bien esto había sido anunciado por el ministro Jobet en diciembre de 2019, en medio de la realización de la COP25 en Madrid, había un grado de incertidumbre sobre si efectivamente este anuncio se concretaría el 2020.
El acto encabezado por Piñera solo se entiende como una forma de dar visibilidad a una acción previamente acordada. Pero lo que no se publicita es que, días antes del acto de “cierre”, cuando la empresa AES Gener, propietaria de esta termoeléctrica, solicitó a la Comisión Nacional de Energía (CNE) el retiro y cese de operaciones de la central, la salida incorporaba una letra chica consistente en dar paso al denominado Estado de Reserva Estratégico (ERE) de Ventanas 1, por un total de 60 meses. Esto quiere decir que, si bien la central se apagará, se mantendrá como respaldo en el sistema eléctrico durante cinco años, por si eventualmente se llegara a requerir de su funcionamiento, retornando al sistema eléctrico nacional sin problema alguno.
Lo anterior, que podría tener algún sentido con otras centrales, resulta completamente irrisorio en el caso de esta unidad termoeléctrica, pues es una central de 56 años de antigüedad, con una tecnología completamente obsoleta y con una potencia instalada de 114 MW, lo que es marginal, considerando que Chile tiene una capacidad instalada superior a los 24.000 MW. Por lo mismo, y al contrario de lo expresado por el Gobierno, desde Fundación Terram creemos que no hay nada que celebrar ante el anuncio de paralización de esta generadora, debido a que la única que ganará será la empresa, ya que por este nuevo estado AES Gener recibirá en los próximos cinco años un pago correspondiente al 60% del pago por potencia de la central, a pesar de que paradójicamente esta no opere.
 
El Estado de Reserva Estratégica, en el caso de AES Gener, pareciera que operará como una especie de subsidio otorgado a una empresa que ha contribuido durante años a contaminar diversas zonas del país. En definitiva, se premia a esta empresa por contaminar, lo que desde Fundación Terram consideramos lamentable, pues la compañía está tomando esta oportunidad para paralizar la termoeléctrica más ineficiente del sistema, la cual generaba los mayores costos operacionales de las 15 termoeléctricas que AES Genere posee, debido a su obsolescencia tecnológica. Sin ir más lejos, según el Coordinador Eléctrico, durante el año 2020 Ventanas 1 solo operó 1.400 horas, aportando el 2,5% del total de electricidad generada por AES Gener en Ventanas. Además, representaba solo un 4% de la potencia total instalada que AES Gener aporta al sistema nacional.
Es decir, este cierre más parece un gesto para mejorar la imagen de la empresa ante la opinión pública –y, paradójicamente, con el apoyo del Gobierno–, ya que en nada aporta en términos netos a la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) y, por tanto, a la efectiva descarbonización. Además, lo más probable es que el carbón que no quemará esta unidad, lo quemarán las otras tres centrales pertenecientes a la misma firma que operan en la Zona de Sacrificio de Quintero y Puchuncaví, como son Ventanas II, Nueva Ventanas y la tan cuestionada Campiche. 
También debiese producirse otra desconexión programada, correspondiente a la central Bocamina I de Enel Chile, una termoeléctrica de 130 MW de potencia instalada y con 50 años de antigüedad emplazada en la comuna de Coronel, Región del Biobío. Pero entre Ventanas 1 y Bocamina 1 hay diferencias, pues la filial de la italiana Enel no se acogerá al denominado Estado de Reserva Estratégica, lo que da más consecuencia y legitimidad a la acción emprendida. Es más, la empresa ha comprometido iniciar el desmantelamiento de esta unidad termoeléctrica durante 2021.
Si bien consideramos que Chile está avanzando en el proceso de descarbonización, nos parece que aún se requiere mayor compromiso desde las empresas y el Gobierno, sin generar subsidios encubiertos a unidades obsoletas como Ventanas 1. Por ello, estamos convencidos de que para dar credibilidad a la descarbonización en Chile no basta con apagar centrales viejas, con tecnologías obsoletas y que aportan marginalmente al sistema eléctrico, sino que el Gobierno y las empresas deben comprometerse con el desmantelamiento de estas unidades y la descontaminación de los lugares donde operaron durante años. A esto el Gobierno debería sumar la actualización de la normativa ambiental de acuerdo a los criterios recomendados por la Organización Mundial de Salud, porque las Zonas de Sacrificio necesitan de acciones con efectos concretos y no de eventos comunicacionales.

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