El dilema de Piñera: ¿Mario Rozas o Víctor Pérez?

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Hace justo un mes escribí en esta misma columna que el general, Mario Rozas, se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza para el Presidente, Sebastián Piñera. Sin embargo, el llamado caso “Puente Pío Nono” parece ser la gota que rebasó el vaso. Como que se tratara de una pieza elaborada intencionalmente para desnudar todas las falencias actuales de Carabineros y el estilo de gestión de su general director, el grave incidente en que un joven de 22 años empujó a uno de 16 hacia el lecho del rio Mapocho -que de milagro no le quitó la vida- se transformó en una irónica representación de los problemas de la institución para enfrentar las manifestaciones que han retornado, luego del “receso” de la prolongada pandemia. Un año después, Carabineros parece haber aprendido muy poco.
Revisemos lo ocurrido en poco más de una semana. Primer acto. Un carabinero embiste a un adolescente y lo lanza de un puente de siete metros de altura. El chico queda con TEC cerrado e inconsciente. De no ser por la rápida intervención de otros manifestantes y personal de la Cruz Roja, Antonhy muere en menos de dos minutos, ya que igual que en el caso de Fabiola Campillay, la policía no socorre a la víctima. Segundo acto. Cuatro veces llama el autor del hecho y distintos oficiales a la Fiscalía dando varias versiones de lo ocurrido, mientras otros policías intentan “detener” al herido –sin preguntar por su estado de salud- en la clínica. Tercer acto: carabineros afirma que todo es falso, luego que “podría ser” y finalmente, se abre a que sea cierto. Cuarto acto: el ministro Víctor Pérez respalda irrestrictamente a la institución, pese a las dudas que genera el caso.

Quinto acto: el caso comienza a parecerse a los bochornosos episodios Huracán y Catrillanca, en que se descubren cámaras ocultadas por el propio imputado, declaraciones del alto mando en que dicen que se socorrió a la víctima -“llamamos a una ambulancia”- y un general reafirma que el adolescente estaba detenido previamente (¿se escapó de un bus policial o Zamora lo “notificó” mientras caía al rio?). Sexto acto. La fiscal a cargo del caso, Ximena Chong, es amenazada de muerte por dos sujetos que llegan a su casa en moto y entregan una carta, y por un grupo de fanáticos de ultra derecha, es cosa de ver sus perfiles. Séptimo acto: El subsecretario Galli, sigue respaldando irrestrictamente a la institución, mientras Víctor Pérez “relativiza” su discurso ante la inminente acusación constitucional en su contra. Octavo acto: el general Rozas las emprende contra la Fiscalía.
Noveno acto. Un teniente coronel de carabineros, pasa sospechosamente frente a la casa de la fiscal Chong, porque anda “perdido” buscando un taller. Curiosamente, no se identifica como policía frente a detectives de la PDI e insiste, nerviosamente, que es un “funcionario público”. Décimo acto: parlamentarios de oposición ingresan una acusación constitucional contra el ministro del Interior.
Definitivamente, el general Mario Rozas se ha terminado por convertir en un problema similar al de Jaime Mañalich para el Presidente. Por más que intente apoyarlo, los dolores de cabeza que le está causando Rozas y que se pueden agudizar en estas semanas, son muy malos para su imagen y bajo respaldo público. Además, un golpe a su cuestionado ministro de Interior tendría un costo enorme para La Moneda. Pese a que es conocido que Piñera no se entiende bien con el ex senador gremialista y que la evaluación de Pérez estos primeros meses es mala, un conflicto con la UDI –que presionó para que estuviera en ese puesto- podría ser catastrófico, pensando en que el 25 de octubre la derecha va a experimentar una derrota, por más que traten de desplegar un relato de unidad como señaló el nuevo ministro vocero, Jaime Bellolio.
Sin duda, la gestión de Mario Rozas ha estado caracterizada por la polémica y los conflictos. Desde las personas que perdieron la vista en el estallido social, pasando por la evidente y clara discriminación para actuar frente a los grupos a favor del “Apruebo” –reprimidos siempre- versus los del “Rechazo”, protegidos y escoltados siempre, su complicidad con los camioneros que bloquearon la carretera y sus declaraciones políticas, incluyendo el torpe “homenaje” a Stange, que hacen recordar la época en que Carabineros formaba parte de la Junta de Gobierno En resumen, Rozas ha provocado una división entre ciudadanos que es peligrosa para la democracia. Que contraste con el general José Bernales, que le decían “el general del pueblo”.
La crisis de carabineros necesita, urgentemente, una cirugía mayor. El viernes pasado, el Presidente Piñera insistió que el parlamento debe agilizar la reforma a la institución y los proyectos asociados a seguridad pública, que incluye el polémico nuevo Sistema Nacional de Inteligencia, que ha generado reparos desde la oposición. En el Congreso se debe avanzar con más celeridad, pero también requiere de un diagnóstico común.
El Fiscal Nacional expresó duras críticas a la cultura de la policía uniformada versus el apoyo irrestricto del ministro del Interior. Pero una cosa es clara, el cambio debe ser encabezado por un general director que le de confianza a distintos sectores, requisito que Mario Rozas no cumple.
El Presidente enfrenta un dilema político difícil de resolver. Tiene a un ministro que llegó con un discurso muy duro, e incluso populista, de cómo resolver los problemas de seguridad pública y de La Araucanía. Pero más que resolverlos, en este período claramente éstos se han agravado. Y cuenta con un general director de su confianza –lo conoció cuando era su edecán- pero que vive en el centro de la polémica, afectando la imagen de La Moneda. Sin embargo, el menor costo para Sebastián Piñera es poner a resguardo a Pérez. Si la acusación avanza –cuenta con el respaldo de toda la oposición- deberá remover a Rozas. Y la justificación sería políticamente correcta. Los cambios, muchas veces, necesitan de un nuevo rostro para conducirlos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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