El Estado no está cumpliendo su rol subsidiario

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Juan José Balsa Fernández Economista, magíster en Análisis Económico en la Universidad de Chile

Juan José Balsa Fernández

En columna del 12 de noviembre, Cristóbal Aguilera afirma que el principio de subsidiariedad es contrario al principio del “Estado Mínimo”. Aunque esto es parcialmente cierto, es necesario recordar que el principio de subsidiariedad ha sido interpretado de muchas formas a lo largo de la historia. En el caso particular de Chile, el modelo económico actual sí lleva a que el Estado minimice su rango de acción y, como consecuencia de ello, promueve a que el Estado no cumpla de forma correcta su rol subsidiario.

Para la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), el principio de subsidiariedad pone orden en la relación entre el Estado, los cuerpos intermedios, las familias y el mercado. Así, la aplicación más básica por la cual se impone el principio de subsidiariedad es proteger “a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas”.
Es por lo anterior, que el principio de subsidiariedad está en contra de que los dueños del capital concentren el poder, ya que nos advierte que en “diversas circunstancias pueden aconsejar que el Estado ejercite su función de suplencia”, lo que puede derivar en casos de “grave desequilibrio e injusticia social, en las que sólo la intervención pública puede crear condiciones de mayor igualdad, de justica y paz” (DSI).
El caso es que en Chile se asimiló una versión liberal de la subsidiariedad; se abandonó el equilibrio y se entregó la noción del Estado totalmente a los mercados. Esto generó fallas estructurales graves.
Ejemplo 1: el Estado chileno no ha podido corregir las extremas brechas de desigualdad. Según el Banco Mundial, nuestro índice Gini –hasta el 2018- no ha descendido de los 0,4 puntos. Ejemplo 2 de la aplicación liberal de la subsidiariedad: la afamada concentración de los tres; los tres bancos, las tres procesadoras de pollos, las tres cadenas de farmacias, las tres empresas de telecomunicaciones. En Chile todo está dividido en tres empresas que concentran el mercado. Estas empresas reciben la mayor parte del excedente de los consumidores, debido a que compiten poco y mantienen los precios en un alto estándar. Aquí está claro que falta el Estado y su rol redistribuidor, como diría la DSI.
¿Cómo este desequilibrio se conecta con el estallido social del 18 de octubre y los resultados del plebiscito? Ambos hechos nos mostraron que los chilenos estamos hartos de los abusos, abusos de los que no fuimos protegidos por el principio de subsidiariedad, porque este principio fue asimilado por nuestra institucionalidad desde una visión limitada.
Hoy tenemos la posibilidad de escribir una nueva Carta Magna donde este principio le entregue un rol activo al Estado. Y recuperemos el equilibrio. Con menos abusos. Y más justicia social.

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