Evan Rachel Wood, la actriz y férrea activista que ha denunciado por abusos a Marilyn Manson | Gente

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Evan Rachel Wood, la actriz protagonista de la serie de HBO Westworld, ha acaparado todos los titulares estos días tras su denuncia pública contra su expareja, Marilyn Manson, a quien acusa de haber abusado sexual y emocionalmente de ella durante sus tres años de relación. Una declaración que ya había relatado en 2018 en el Congreso de Estados Unidos, donde contó públicamente sus traumáticas experiencias aunque entonces sin dar nombres del presunto violador. Casi tres años después, Wood ha decidido desenmascarar a ese supuesto agresor y lo ha hecho de nuevo abiertamente en su cuenta de Instagram. “Me lavaron el cerebro y me manipularon para que me dejara someter. Estoy harta de vivir con miedo a represalias, calumnias o chantajes. Estoy aquí para exponer a este hombre peligroso y llamar la atención sobre las muchas industrias que se lo han permitido, antes de que pueda arruinar más vidas”, escribió la actriz. Por el momento, ya ha conseguido que la discográfica Loma Vista Recordings zanjara todo contrato laboral con Manson, ahora de 52 años, y que al menos otras cuatro mujeres denunciaran haber vivido abuso físico y mental por parte del cantante.La actriz está acostumbrada a ejercer de altavoz en estas causas y en los últimos tiempos se ha convertido en una de las intérpretes más activistas por los derechos de la mujer y de las supervivientes de acoso sexual. Cuando en 2018 relató su testimonio en el Congreso de EE UU fue para pedir la Ley de Declaración de Derechos Supervivientes de Agresiones Sexuales, ya aprobada en los 50 Estados.No era la primera vez que contaba su experiencia. En 2016, la intérprete de Thirteen admitió en una entrevista con Rolling Stone haber sido violada en varias ocasiones. “Sí. He sido violada. Por un ser querido mientras estábamos juntos. Y en otra ocasión por el propietario de un bar. La primera vez no tenía claro si aquello que hacía la pareja se consideraba violación, hasta que fue demasiado tarde. Además, ¿quién me creería? La segunda vez pensé que había sido mi culpa y que tendría que haber luchado más, pero estaba asustada”, contó a la publicación.Una similitud que compartió con Dolores, el personaje de la exitosa ficción de HBO que había sido víctima de varias violaciones. Y fue precisamente verse tan identificada con ese papel lo que consiguió que aceptara su realidad y acudiera a terapia. Le diagnosticaron un trastorno postraumático que no esconde y que le hizo comprender los años en los que se autolesionaba. Llegó a sufrir dos intentos de suicidio hasta que, de manera voluntaria, ingresó en un centro psiquiátrico.Sobre su paso por ese centro de salud mental volvió a dar detalles hace dos años, en un ensayo que publicó en la revista Nylon explicando los estigmas que tienen las enfermedades mentales y cómo trata de romper con ellos. “Tendemos a sentir más simpatía por un brazo roto que por un ataque de tristeza profunda. La simple mención de la enfermedad mental asusta a la gente”, relataba entonces. “No soy una experta en salud mental, pero puedo compartir con vosotros mi experiencia al respecto. Cuando tenía 22 años, decidí ingresar en un hospital psiquiátrico por mi propio pie y no siento absolutamente ninguna vergüenza por ello. Mirando atrás, fue lo peor y lo mejor que me pudo pasar”, contaba la actriz, que ha estado nominada tres veces a los Globos de Oro. Para ella estar en el ojo público “ha sido un gran privilegio y un terrible peso”, decía.Wood no es ajena a la fama. Tenía solo siete años cuando comenzó a aparecer en películas de televisión y nueve cuando protagonizó junto a Kevin Bacon y Mary Stuart Masterson Mi amigo Ricky (1997). Su papel principal llegó a los 14 años cuando interpretó a Tracy Louise Freeland, una adolescente involucrada en drogas, sexo y crimen en Thirteen (2003). Después llegaron títulos como Los idus de marzo (2011) o Allure (2017), entre otros. En todos ellos, la intérprete nacida en Carolina del Norte había algo de sus personajes con los que se sentía auténtica con sus propias experiencias. Así lo contó hace unos años en la cumbre Forbes 30 Under 30 en Boston, donde hizo hincapié en que los actores y actrices deben ir un poco más allá de sus papeles en pantalla y comprometerse con ellos. “Mi mayor desafío ha sido superarme a mí misma. Nadie me retuvo más que yo. Y nadie fue peor conmigo que yo”, dijo en ese mismo encuentro sobre algunos de sus problemas que ha compartido con algunos personajes y la llevaron a pedir ayuda profesional. “Se trata de aprender a amarse a uno mismo. Después de todo, cuando cometes errores no es sino una prueba de que lo estás intentando”.El riesgo a ella nunca la ha detenido. En 2011, se declaró bisexual y ha sido una ávida defensora de los derechos LGBTIQ. Ha rechazado las expectativas de género en Hollywood cuando en las alfombras rojas, por ejemplo, es muy habitual verla con traje. “Quiero transmitir un mensaje positivo. No se trata de avergonzar a los vestidos, sino de abrir opciones para que haya una elección”, dijo en una ocasión. Cuando en Frozen II prestó su voz para la reina Iduna, madre de Anna y Elsa, la actriz habló sobre la posibilidad de que algún día Disney tenga una protagonista LGTBI.Sobre todas estas causas la actriz, que estuvo casada con el actor Jamie Bell entre 2012 y 2014, con quien tiene un hijo en común, ha hablado abiertamente en entrevistas y también en las redes sociales. Al menos en Instagram, pues hace unos meses decidió salir de Twitter por el ambiente negativo que percibía, según reconoció en una reciente entrevista con Variety. “Me di cuenta de que estaba permitiendo demasiada negatividad en mi vida. Ya lucho con la ansiedad y tengo trastorno por estrés postraumático y hay ciertas cosas que no necesito en mi cabeza”, dijo la intérprete, que tampoco esconde que padece déficit de atención e hiperactividad, sobre cómo se vio incapaz de gestionar los comentarios que recibía cada vez que hacía algún alegato feminista o contra la violencia de género y sexual. “Sentí que algunas cosas que podría mencionar se podrían sacar de contexto, llamarme radical o extremista y sentí que cuanto más franca podría ser, más me podrían atacar. Así que decidí no entrar en ese juego y me fui”, explicó sobre su salida de Twitter.

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