Experto advierte “latinoamericanización” de los países desarrollados

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Por décadas la misión ha sido copiar a los países desarrollados, pero ¿qué pasaría si por el contrario son éstos los que terminan siguiendo los pasos de populismo y la inestabilidad? Habla el académico español Diego Sánchez-Ancochea, experto en políticas sociales de la región.

La matrícula de las escuelas privadas ha aumentado un 63,5% en la última década, mientras en las públicas, los profesores denuncian la falta de recursos. La población en riesgo de pobreza saltó de 13% a 16% en apenas tres años. El partido de gobierno acusa un fraude electoral sin entregar pruebas. No son titulares o cifras de países latinoamericanos, sino datos de Frankfurt, Suecia y Estados Unidos.
Son señales, solo el comienzo, advierte el español, académico de Oxford, Diego Sánchez-Ancochea. ¿De qué? Pues de lo que bien podría llamarse la Latinoamericanización de los países desarrollados, dice el experto.
Un proceso en el que naciones que hasta ahora han sido tomados como ejemplo adoptan los peores males de la región: populismo político, debilidad de las instituciones e inestabilidad social.
Nuevos sospechososEn su libro “The costs of inequality in Latin America”, Sánchez-Ancochea plantea que el aumento de la desigualdad en los países desarrollados, que se ha acelerado en las últimas dos décadas, amenaza la estabilidad institucional y la supervivencia de la democracia. “Las cosas empeorarán con la pandemia. Mientras muchos trabajadores pierden sus empleos y luchan por encontrar oportunidades, las élites con mayores ingresos se recuperarán rápidamente”, afirma.
Es la misma conclusión a la que llegaron los investigadores del FMI Tahsin Saadi Sedik y Rui Xu. En un estudio publicado hace dos semanas, Sedik y Xu señalan que los países con una alta desigualdad son más vulnerables a períodos de descontento y violencia producto del Covid-19. “Las grandes pandemias del pasado condujeron a un aumento del malestar social a medio plazo, al reducir el crecimiento y crecer la desigualdad”, afirman. Los países más vulnerables son los que tienen un coeficiente Gini neto superior a 0,4 (el de Chile es 0,46). Lo alarmante es que más del 45% de los países del mundo están en esta categoría.
No se trata solo de los tradicionales sospechosos, Chile, México o Brasil, sino también de Suecia o Alemania, hasta ahora considerados ejemplos en la lucha contra la desigualdad.

El laboratorioInteresado en la economía como “la ciencia de la pobreza”, Sánchez-Ancochea encontró en Latinoamérica el laboratorio perfecto para estudiar la desigualdad. Desde su residencia en Oxford, donde enseña Economía Política para el Desarrollo, el académico considera que lo que hasta antes era un problema latinoamericano se está expandiendo rápidamente.
“Muchos de los problemas latinoamericanos, incluyendo la inversión desigual en educación, las crisis económicas, las dificultades para aumentar la carga tributaria a los más ricos, y el aumento del empleo informal son cada vez más evidentes en otras partes del mundo”, asegura.
El riesgo es un gran círculo vicioso. La desigualdad -afirma- lleva a una baja inversión en educación e innovación, menor dinamismo económico y recursos para el Estado. Eso produce mayor malestar social, una creciente desconfianza en las instituciones, menor valor en la democracia y, finalmente, el apoyo a gobiernos populistas.
LatinoamericanizaciónEso sí, hace diferencias entre EEUU y Europa. “En EE.UU. creo que (la latinoamericanización) ya ha llegado. Le salva el hecho su riqueza y capacidad de innovar, pero es más latinoamericano de lo que se ve y lo que cree”. Como ejemplo cita lo sucedido en las últimas elecciones: “Le damos un poquito de importancia, pero no la suficiente, al que el 63% de los congresistas republicanos digan que les han robado la elección sin ninguna evidencia. Ese discurso de debilitar la elección como estrategia es algo que en América Latina lo conocemos muy bien, y sabemos lo peligroso que es”.
Por ahora, agrega, Europa estaría más protegida por el enorme escudo que significa su estado de bienestar. Pero este bien podría estar en riesgo debido a la presión sobre los ingresos fiscales por la pandemia. A lo que se suman crecientes problemas, como la discriminación y desigualdad de la creciente población inmigrante.
Tomando la idea del economista francés, Thomas Piketty, el académico apuesta por el aumento de impuesto a la riqueza como una solución a la desigualdad. Pero si bien en su libro deja en claro su afiliación política al definirse como un “economista progresista”, en la entrevista Sánchez-Ancochea hace una precisión: “Progresista en el sentido de creer que la desigualdad es un costo fundamental, pero que también hay un elemento ético, más allá de los costos políticos y sociales y económicos de por qué es negativa; y la idea de que la economía mixta, de combinar el Estado y el mercado, es la mejor forma de construir el mundo y pensar la sociedad”.
Su definición se aleja así de los postulados que partidos y movimientos que se definen como progresistas defienden en Chile. Pero Sánchez-Ancochea se une a las voces que plantean que la polarización no nos llevará a ningún lado, excepto a repetir escenarios de populismo y autoritarismo que ya hemos visto antes.

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