Investigadores encuentran un grupo poco común de personas con VIH controlado que podrían ser la clave para descubrir la cura

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Un equipo de científicos encontró un número inusualmente alto de personas de la República Democrática del Congo (RDC) que dan positivo en la prueba de anticuerpos contra el VIH, pero que tienen un nivel de bajo a no detectable en los recuentos de carga viral, sin el uso de tratamiento antirretroviral.
Estas personas se denominan como controladores de élite del VIH.
El innovador descubrimiento fue publicado en EBioMedicine (que es parte de The Lancet) y puede ayudar a descubrir tendencias biológicas dentro de esta población que podrían conducir a avances en los tratamientos contra el VIH y potencialmente a vacunas.
Investigadores de Abbott, la Universidad de Johns Hopkins, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, la Universidad de Misuri – Kansas City y la Universidad Protestante del Congo descubrieron que la prevalencia de controladores de élite del VIH era de 2.7 a 4.3 % en la RDC, en comparación con una prevalencia de 0.1 a 2 % en el resto del mundo.
Esta nueva investigación impulsará la realización de más estudios que busquen comprender esta respuesta inmunitaria única. Los hallazgos del estudio podrían acercar a los investigadores a su objetivo de poner fin a la pandemia del VIH al descubrir los vínculos entre la supresión natural del virus y los tratamientos futuros.
“El hallazgo de un gran grupo de controladores de élite del VIH en la RDC es importante teniendo en cuenta que el VIH es una afección crónica de por vida que normalmente progresa con el tiempo”, declaró Tom Quinn, M.D., director del Centro Johns Hopkins de Salud Global y jefe de la Sección de Investigación Internacional sobre el VIH/SIDA del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Institutos Nacionales de Salud y uno de los autores del estudio.
“Ha habido muy pocos casos en los que la infección no progresó en los individuos antes de este estudio, pero esta alta frecuencia es inusual y sugiere que está sucediendo algo interesante a nivel fisiológico en la RDC que no es casualidad”, agregó.
Constante investigación
Desde el comienzo de la epidemia mundial de SIDA, se ha identificado a 76 millones de personas infectadas con el VIH y 38 millones de personas viven actualmente con el virus.
Como la primera compañía en desarrollar una prueba aprobada por la FDA para detectar el VIH hace más de 30 años, Abbott estableció su Programa de Vigilancia Viral Mundial para identificar mutaciones del VIH y la hepatitis, asegurando que sus pruebas de diagnóstico sigan actualizadas.
Dado que los orígenes de la epidemia del VIH se remontan a África subsahariana, específicamente a la RDC, esta región es de interés específico para la comunidad científica., Estos nuevos hallazgos de los investigadores y socios de Abbott son una continuación de los esfuerzos de lucha contra el virus que llevaron a la identificación de una nueva cepa del VIH a finales de 2019.
“El trabajo de vigilancia mundial nos mantiene a la vanguardia de las enfermedades infecciosas emergentes y en este caso nos dimos cuenta de que habíamos encontrado algo que podría ser un paso más para descubrir una cura para el VIH”, declaró Michael Berg, investigador asociado en el área de enfermedades infecciosas en Abbott y uno de los autores principales del estudio.
“La comunidad de investigación mundial tiene más trabajo por hacer, pero aprovechar lo que aprendimos de este estudio y compartirlo con otros investigadores nos acerca a nuevos tratamientos que posiblemente podrían erradicar el VIH”, sostuvo.
Las muestras de plasma de los esfuerzos de vigilancia tomadas en 1987, 2001-2003 y 2017-2019 en la RDC, hogar de las cepas de VIH más antiguas conocidas, permitieron a los investigadores descartar falsos positivos, el sesgo en el lugar de recolección, la alta diversidad genética y el tratamiento antirretroviral como la causa de los recuentos virales no detectables en 10,457 pacientes entre 2017 y 2019.
“Cada una de estas piezas nos ayuda a ver de manera un poco más clara hacia dónde debemos mirar a continuación y contribuye al banco de conocimientos al que todos los investigadores recurrirán en la siguiente fase de nuestro trabajo”, declaró Carole McArthur, profesora en el Departamento de Ciencias Orales y Craneofaciales de la Universidad de Misuri – Kansas City, directora de Investigación del Centro Médico Truman y una de las autoras del estudio.

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