La cara y la cruz de José Mota y Juan Muñoz | Gente

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Hubo un tiempo en el que el dúo humorístico Cruz y Raya (José Mota y Juan Antonio Muñoz, 54 años) reinaba y rompía cuotas de pantalla en televisión. El vacío dejado por otro dueto, el de Martes y Trece (Josema Yuste y Millán Salcedo, que antes fue trío junto a Fernando Conde), les convirtió en los herederos naturales del humor en España y, especialmente, Televisión Española confió en ellos durante años para sus programas de fin de año, pero también para animar veladas semanales durante los años noventa y dos mil. En junio de 2001, por ejemplo, la cadena pública dio a conocer que había firmado contratos con las productoras Prodher TV y Smile Producciones para el período comprendido entre 2001 y 2004, 25 programas y la seguridad de que Cruz y Raya realizarían especiales para las nocheviejas de 2003 y 2004. Un portavoz de RTVE argumentaba una decisión insólita, por su largo plazo, con cifras: “Los anteriores han tenido una audiencia del 68% de cuota de pantalla y la media de sus otros programas está por encima del 30%”.Eran otros tiempos en televisión, sin la feroz competencia de plataformas de streaming que permiten elegir películas y series a la carta, pero no le resta mérito a la aceptación que tenían sus parodias e imitaciones. La pareja que se había conocido en 1986 mientras realizaban el servicio militar, habían pasado de la amistad a los bolos en salas de fiestas de Madrid, de allí a varios programas radiofónicos y después a televisión a finales de los ochenta, la catapulta del éxito de su tipo de humor, a veces aplaudido y otras criticado por obvio y facilón. En 2007, después de 22 años formando pareja artística, Mota y Muñoz se separaron profesionalmente y las vidas de uno y otro han discurrido desde entonces de forma muy distinta.José Mota siguió rentabilizando el éxito sembrado durante dos décadas y consiguió que su nombre en solitario siguiera siendo garantía de audiencias. Recientemente se ha podido ver al humorista formando parte como investigador del programa Mask Singer y ha vuelto a convertir su participación en un nuevo personaje, a crear coletillas lingüísticas que se popularizan –“he tenido un alumbramiento”– y a dar a sus laberínticos argumentos para desvelar el personaje escondido tras las máscaras el carácter de gag humorístico. Puede gustar o no, pero se mantiene fiel a su estilo y a sus seguidores. Comenzó 2020 ganando un juicio contra la constructora de su casa, Cospusa S.A., a la que reclamaba numerosos y graves defectos de calidad y la justicia condenó a la firma a pagarle una indemnización de 200.000 euros. Pocos meses antes había unificado sus empresas en Akapu Holding S.L., para aunar y gestionar su patrimonio. En ella Mota figura como administrador único y declara un capital de 8,87 millones de euros.La trayectoria profesional de Juan Muñoz, sin embargo, no ha ido en paralelo a la de su antiguo compañero desde que Cruz y Raya se disolvió. Muñoz pasó a un segundo plano en el terreno profesional y aunque nunca ha dejado de trabajar, el catalán ha tenido un recorrido mucho menos estable. Volvió a los orígenes, espectáculos en vivo en pubs, karaokes, restaurantes y algún teatro; abrió un canal en YouTube con escaso éxito… En octubre del año pasado concedió una entrevista al medio digital Uppers en la que hablaba de que estaba pasando un gran momento personal próximo a cumplir los 55 años pero en la que también confesaba que ser cómico “es difícil”. En ella fue sincero sobre algunos problemas que trató con eufemismos: “Ahora me cuido mucho. He disfrutado de la vida. Por hablar metafóricamente podemos decir que yo los caramelos me los he comido con papel (…) Cuando aparezco en Madrid con mi compi en la noche… casi palmo en el intento. Pero ahora veo la vida desde otro punto de vista. Dejé de fumar, nado todos los días, cuido mi alimentación…, yo ya he salido bastante”.Pero algo pasó la semana pasada que rompió la racha estable de Juan Muñoz –que sigue presentándose profesionalmente con la coletilla “de Cruz y Raya”– y sorprendió a todo el mundo con unas declaraciones en la revista Semana en las que calificó a su antiguo compañero, Jose Mota, de “mala persona”, “prepotente” y otras lindezas que dejaron a casi todos boquiabiertos. Mota calló y dejó pasar el tema, pero Muñoz no debió sentirse demasiado a gusto con sus propias palabras y hace dos días publicó un vídeo en sus redes sociales pidiendo disculpas públicas a “Jose Mota, a su familia” y a los amigos que tienen en común por esas declaraciones que calificó de “desafortunadas y crueles”.Juan Antonio Muñoz se disculpa con José Mota en sus redes sociales.JUAN MUÑOZ (INSTAGRAM)“Son palabras que no se merece y vienen dadas por el derrumbamiento que tuve a causa del fallecimiento de mi madre”, dice el cómico en el vídeo. Afirma que es cierto que últimamente no tenían una relación cercana y que esperaba que la muerte de su madre hubiese provocado que Mota se acercara a darle un abrazo y continuar “su amistad de siempre”. “Se me juntó con la primera Navidad sin mi madre y caí en lo peor: beber”, afirma. Las “cuatro copas de más”, como él mismo explica, coincidieron con la llamada de un periodista y se desató la tormenta. “Monté en cólera, empecé a decir barbaridades y disparates y unas palabras que no se merece José ni su familia. Hice cosas que no las siento. José me ha ayudado mucho, es un gran tipo y no se merece lo que le he hecho”, concluyó.Mota no tardó en recoger el guante y contestarle en su cuenta de Twitter: “Muchas gracias @CruzyrayaJuan por tus disculpas. Te aseguro que todos los años que hemos compartido juntos están muy por encima de todo esto. ¡¡¡Un gran abrazoooo!!!”. Unas palabras con las que ha dado por cerrada la polémica y a las que se remite con educación cuando este periódico ha tratado de hablar con él sobre el asunto. Piensen lo que piensen sus respectivos seguidores, una forma elegante de dar la cara pidiendo perdón, una manera cariñosa y diplomática de aceptarlo y un ejemplo de cierta sensatez de comportamiento en unas redes sociales repletas de opiniones extremas y exacerbadas. Si esta actitud es solo de cara al público queda para sus protagonistas, el resto siguen teniendo el recuerdo de algunas de sus actuaciones juntos y la sensación de que los momentos compartidos sirven para algo.

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