La hora de la determinación

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uando amaneció el primer día de este año que hoy termina, los chilenos ya sabíamos, sin asomo de duda, que teníamos por delante uno de los períodos más difíciles de nuestra historia reciente. Las secuelas sociales, políticas y económicas del 18-O garantizaban que el país atravesaría momentos de gran complejidad en 2020, incluso críticos, a lo que se sumaba la incertidumbre respecto de un plebiscito constitucional acordado con gran dificultad entre los actores políticos, bajo la presión de grados de violencia urbana sin precedentes.

El estallido de la pandemia del Covid-19 convirtió la crisis en una emergencia. Ya muy exigido por las crecientes demandas de una agenda social surgida del estallido a fines de 2019, el Gobierno se vio enfrentado no sólo al enorme gasto imprevisto de hacer frente a una emergencia sanitaria, sino a la obligación de paliar en forma importante el impacto económico producido por la propia respuesta a la pandemia en trabajadores, familias y empresas.
Comprensiblemente, este ha sido un año dominado por la preocupación de acordar y poner en práctica medidas —también privadas, pero sobre todo públicas— para hacerse cargo de las consecuencias del coronavirus: desde la importación de ventiladores mecánicos a los créditos Covid; desde la imposición de cuarentenas al retiro adelantado de ahorros previsionales; desde la postergación de cuotas hipotecarias a la normativa sobre teletrabajo; y desde el Fogape 2.0 a la llegada de las primeras vacunas.
Otros hechos con efectos a mediano y largo plazo también han marcado este año, como la Convención Constituyente en el plebiscito de octubre pasado y el debate por la irrupción de las inversiones chinas en nuestro país, por mencionar dos especialmente relevantes. Pero este ha sido el año del Covid-19, en Chile como en todo el mundo.
En muchos sentidos, eso continuará en 2021, pero también hay evidencia de una incipiente recuperación económica, o de las posibilidades de ella, si sabemos abrazarlas. Por eso, antes que preguntar si existen razones para el optimismo, hay que abrir espacio para la determinación de salir adelante.
¡Que sea un feliz año!

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