La sombra de la violencia planea sobre las elecciones en Guinea | Internacional

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Seguidores del presidente Alpha Condé durante su último mitin de campaña, el pasado viernes 16 de octubre en un estadio de Conakri.JOHN WESSELS / AFPGuinea, con algo más de 12 millones de habitantes, celebra este domingo unas elecciones presidenciales de alto riesgo. El empeño del presidente Alpha Condé, de 82 años, de presentarse a un tercer mandato pese a estar prohibido en la Constitución provoca que este país, que ha vivido 50 años de dictaduras y apenas una década de democracia, se asome, una vez más, al abismo de la inestabilidad. Su principal rival es el ex primer ministro Cellou Dalein Diallo, quien aceptó concurrir a los comicios a pesar de considerarlos adulterados. Decenas de personas han fallecido en el último año en manifestaciones antigubernamentales, 90 según la oposición, y el peligro de una crisis postelectoral es alto. Además, la amenaza de la división étnica ensombrece todo el proceso.La campaña electoral ha estado plagada de incidentes, sobre todo en la región de Kankan, uno de los feudos del presidente Condé. Sus seguidores impidieron la entrada a la caravana electoral de Diallo; y la sede del partido opositor, la Unión de Fuerzas Democráticas de Guinea, fue saqueada e incendiada, así como tiendas y negocios de sus partidarios. “Diallo se enfrentaba a un dilema difícil, pero aceptó ir a las urnas aún creyendo que no iba a haber juego limpio”, asegura Gilles Yabi, analista político del think tank africano Wathi.En los últimos días, el Gobierno cerró sin explicaciones las fronteras con tres países vecinos, entre ellos Senegal, donde vive una numerosa diáspora, y ha puesto trabas al voto por correo. Además, bloqueó las entradas y salidas de la capital, Conakri, y el uso de las redes sociales e Internet se ha visto muy limitado. La oposición ha denunciado los obstáculos a su trabajo de supervisión de las actas de voto en el seno de la Comisión Electoral Nacional Independiente.Situada en el pelotón de cola de los países menos desarrollados del mundo, con más de la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza, Guinea es, sin embargo, extraordinariamente rica. No solo posee la mayor reserva mundial de bauxita y su subsuelo es un escándalo mineral, como prueban sus numerosas explotaciones de cobre, hierro y oro, sino que su tierra fértil y su abundante agua la dotan de un enorme potencial agrícola, forestal e hidrológico. “No existe otra explicación a esta pobreza que el mal gobierno y sus dos diabólicos corolarios, la corrupción y la incompetencia”, asegura el reconocido escritor y opositor guineano Tierno Monenembo. La extracción de las riquezas mineras está en su mayor parte en manos de empresas rusas, chinas, australianas y estadounidenses.Tras la llegada al poder de Alpha Condé en 2010, luego reelegido en 2015, y la puesta en marcha de reformas destinadas a atraer la inversión extranjera y favorecer el clima de negocios, Guinea empezó a crecer a un ritmo de hasta un 7% anual. La epidemia de ébola de 2014-2016 fue un frenazo en seco, pero hace tres años recuperó la senda del crecimiento. Sin embargo, ocho de cada 10 guineanos viven de una agricultura poco desarrollada o se desenvuelven en el pequeño comercio informal. “No ha habido una mejora visible de las condiciones de vida de la gente”, asegura Yabi. El acceso al agua o a la electricidad siguen siendo un enorme desafío en muchos barrios de la capital o en los pueblos del interior. En los últimos años miles de jóvenes guineanos protagonizan un importante éxodo hacia Europa.La polémica reforma de la Constitución en marzo pasado mediante un referéndum boicoteado por la oposición abrió la puerta a Condé a presentarse a un tercer mandato en contra de la opinión de sus rivales, que opinan que su candidatura es ilegal. Con un censo electoral revisado a la baja y discutido por la oposición que queda en 5,4 millones de votantes, los comicios de este domingo se presentan como un duelo cerrado entre Condé y Diallo. La ONU ha advertido del peligro de los discursos de contenido étnico durante la campaña. El primero es malinké y el segundo peul, dos de las comunidades más importantes del país, y ambos cuentan con fuertes apoyos en el seno de sus grupos. “Pero no confundamos diversidad con división, nunca hemos tenido guerra civil, lo que une a los guineanos es más fuerte de lo que los podría separar”, discrepa Monenembo.La llegada al poder de Condé en 2010 tras las dictaduras de Lansana Conté y Moussa Dadis Camara generó muchas expectativas de avance democrático y el presidente saliente defiende sus dos mandatos como la etapa de mayor libertad política y crecimiento económico de Guinea en toda su historia, con la construcción de importantes infraestructuras, como dos grandes presas de producción energética. “Pero no se pasa de una sucesión de regímenes militares a un régimen democrático estable y funcional de la noche a la mañana”, remata Yabi. Monenembo se muestra mucho más crítico: “Las supuestas cualidades políticas y humanas de Condé son puramente mediáticas. Que quiera un tercer mandato incluso si ello significa precipitar a Guinea en el caos solo puede extrañar a quienes no lo conocen”.

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