La suerte del Rechazo – El Mostrador

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Ir juntos en una lista es un regalo. El resultado del proceso de inscripción para la Convención Constituyente muestra a la derecha unida, pese a que dentro de dicho sector no hubo una línea única respecto al plebiscito. Independiente que en Chile Vamos se matan por pequeñas operaciones políticas, al final el llamado de la tribu pudo más que los impulsos reformistas. Evopoli y otros grupos moderados hasta hace pocos días eran insultados y tratados de traidores por votar Apruebo, pero todo quedó reducido a una pelea en el recreo del colegio.
La derecha en Chile se ha dedicado en el último tiempo a defender privilegios más que a defender libertades, como declaran cada vez que hablan de sí mismos, por cierto como los hacen sus correligionarios en otras partes del mundo. El tímido deshielo que representaron algunos grupos liberales -que tomaron fuerza en la campaña del plebiscito y también en el Gobierno de Piñera- parecieran quedar sepultados bajo el peso de la noche y junto a los vociferantes que no querían cambiar nada.

A primera vista parece un mal negocio quedar con el timbre del Rechazo en la lista electoral, pues éste representa sólo un 22% del electorado y está concentrado principalmente en unos pocos distritos. Si se repitiera ese resultado, tendríamos una convención con una mayoría superior a los dos tercios para hacer cambios profundos en la constitución actual.
Pero la derecha se enfrenta a una sociedad atomizada, que la oposición no ha logrado cuajar. No lo ha hecho la Unidad Constituyente, que ve como las ideas socialdemócratas florecen fuera de sus cajones partidarios, no solamente en las formas como lo hace Lavín, sino en la sociedad civil, como muchas personas que muestran preferencia por un Estado de Bienestar, pero próspero.
Tampoco lo ha logrado la nueva alianza entre el Frente Amplio y el PC, que enfrenta a listas formadas por dirigentes sociales. Para dichos partidos, que suelen autodenominarse como representantes del mundo popular, enfrentar a Luis Mesina o la “Tía Pikachú” en la contienda electoral, es una negación de sus largos comunicados.
Ese escenario de dispersión de la izquierda, hace que el regalo de los liberales al grupo del Rechazo se convierta en un buen negocio. En el pasado plebiscito dicho grupo, pese a la amplia campaña del terror, alcanzó solo un 22%. Y por efecto de ir en una lista única, podríamos encontrar la paradoja que la Convención Constituyente tenga más de dicho porcentaje en integrantes que no querían cambiar la Constitución.
Más allá del legítimo derecho a postular de quienes apoyaron la opción de no hacer una Convención Constituyente, vale la pregunta sobre cómo votarán dichos convencionales. ¿Mantendrán su posición original de no hacer ningún cambio y con ello apostar al bloqueo de cualquier solución? Esto, puede convertirse en un gran problema para la derecha: ¿Pasará a la historia como un bloque que feneció políticamente defendiendo un modelo de los ochenta o le hará caso a Joaquín Lavín y abrirá las ventanas para que entre aire?.
Lo que se juega para la derecha en la constituyente tiene que ver con su futuro. ¿Será capaz de jugársela por una sociedad de oportunidades o quedará como escudera de los poderosos de siempre?
La imposibilidad de la oposición de entender una sociedad compleja y no sometida a los clivajes de los noventa, permitirá al oficialismo tener una representación mayor al peso electoral del Rechazo en octubre y por cierto, a la aprobación del Gobierno. Estará en la misma encrucijada histórica que la derecha rusa de principios de siglo: escuchar a Rasputín y defender la autocracia o, abrirse a una Constitución acorde a una sociedad distinta y más compleja.

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