Lara Almarcegui: “No sabemos nada de los terrenos que pisamos”

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El territorio urbano parece estar hecho de interconexiones, como el cerebro o el ordenador. Por él circu­lamos casi sin transmisión de una zona a otra, en una especie de red que estructura el más mínimo gesto cotidiano: ir de un cuarto a otro, del lugar del trabajo a casa, del metro a un ascensor, como si abandonáramos una pantalla de videojuego para pasar a la siguiente. Una cadena de micromovimientos donde la distancia física que nos separa de un lugar no tiene que ver con el acceso real de ese lugar, como la memoria en términos espaciales o los tiempos en la geología. Un tiempo que clama otro ritmo, pero donde parece imposible parar.Seguir leyendo

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