Las vacunas: una lucha global que requiere una respuesta global

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Ha pasado ya casi un año desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara oficialmente la pandemia global de la COVID-19, el 11 de marzo de 2020. Un año de pérdidas humanas y de daños económicos y sociales sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. La historia de un virus que se expandió desde un país que parecía remoto y que ha contagiado a todos los continentes y cambiado radicalmente nuestras vidas, con efectos posiblemente duraderos.
La lucha contra la COVID-19 no es una carrera corta, es una maratón, desde la investigación a la producción y la distribución global de una vacuna. Pero nadie puede ganarla solo, sin tener riesgos de rebrote, tenemos que ganarla juntos. Por eso la Unión Europea (UE) y sus estados miembros han liderado la construcción de una respuesta colaborativa, universal y solidaria a la pandemia. 
En primer lugar, la prioridad absoluta a nivel mundial fue acelerar la investigación para el desarrollo de las vacunas, pruebas y tratamientos. La UE fue de los principales impulsores, junto con la OMS y las organizaciones sanitarias internacionales, del acelerador ACT, un mecanismo de respuesta global que logró movilizar alrededor de 16 mil millones de euros para el desarrollo de soluciones diagnósticas, terapéuticas y de las vacunas. 
En segundo lugar, la UE concluyó acuerdos de compra anticipada con las empresas farmacéuticas, proporcionándoles la financiación para que realizaran las inversiones tempranas que les permitieron desarrollar la vacuna, llevar a cabo todos los estudios clínicos y crear la capacidad de fabricación necesaria para producirlas. En otras palabras, asumimos riesgos financieros para lograr salvar vidas. Esta respuesta basada en la cooperación multilateral y en la ciencia resultó ser una apuesta ganadora: la estrategia de vacunas de la UE permitió en 6 meses asegurar una amplia cartera de casi 2.600 millones de dosis. Al día de hoy, se habrán entregado más de 50 millones de dosis a los ciudadanos europeos. Gracias a las vacunas desarrolladas y producidas en un tiempo realmente récord podemos vislumbrar una salida de la pandemia y la oportunidad de una recuperación económica a nivel global. Me parece que en Chile se comparte esta valoración, gracias a una política de compras audaz y una campaña de vacunación masiva muy bien organizada.  
Sin embargo, no hay respuesta sostenible que no pase por la distribución de vacunas a nivel universal. La única manera para romper este círculo vicioso de nuevas cepas y olas de contagios, y finalmente reducir el riesgo para la salud de todos, es garantizar el acceso a las vacunas general de toda la población y en todos los continentes, independientemente de sus ingresos. 
Por este motivo, la UE y sus Estados miembros –organizados como “equipo Europa”–  han movilizado un paquete de recuperación global de 38 mil millones de euros para ayudar a nuestros socios en todo el mundo a abordar la emergencia sanitaria, fortalecer los sistemas sanitarios y apoyar la recuperación económica. En Chile, abarcó la financiación de varios proyectos en apoyo a la sociedad civil, complementando los esfuerzos del Gobierno, para proporcionar asistencia a los más vulnerables. 
Además, la Unión Europea y sus Estados miembros contribuyeron al Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19, COVAX, que representa el esfuerzo solidario de muchos países para garantizar el acceso a las vacunas, consignando más de 1.300 millones de dosis a 92 países de escasos recursos. La semana pasada, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció que la UE está duplicando su contribución a COVAX, de 500 millones de euros a 1.000 millones de euros, y que la primera entrega de vacunas tuvo lugar en diferentes países y continentes, también en América Latina.
Nuestra intención es ayudar a otros países con la distribución de dosis compradas por la UE y trabajamos para establecer un mecanismo que facilite la venta o donación de los stocks remanentes de vacunas a países terceros, según sus necesidades y sus capacidades. 
Para seguir con este y otros compromisos, es necesario garantizar la transparencia en el comercio de las vacunas y en el cumplimiento de las obligaciones contractuales. Eso es lo que busca la UE con la reciente decisión de establecer un mecanismo temporal de autorización previa a las exportaciones. La intención no es impedir la exportación de las vacunas, sino que aportar transparencia y prevenir su tráfico irregular, que todos queremos combatir. A través de un mecanismo de exenciones, se asegura la llegada de las vacunas compradas o entregadas a través de COVAX, UNICEF y OPS con destino a cualquier otro país participante en COVAX.
La superación de esta pandemia supone un desafío novedoso para el mundo moderno y es a la vez una lucha contra el tiempo, que además requiere una respuesta global.  La Unión Europea y Chile, como socios cercanos, hemos compartido visiones y estrategias para vencer a este virus y también para emprender una recuperación vigorosa que resulte en sociedades más fuertes, justas y resilientes.

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