Lo que necesitamos y lo que no, en política exterior de Chile

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El Canciller dio una entrevista al El Mercurio de Santiago el domingo 14 de febrero de 2021. En esa entrevista, entre otras cosas, abordó los desafíos que enfrenta su cartera y las prioridades de Chile en lo que a política exterior se refiere. El propósito de esta columna es revisar lo dicho en esa entrevista y ver cómo se compara con lo que se estima podría ser la estrategia de la Cancillería Chilena, la que, dicho sea de paso, por lo general no ocupa un lugar prioritario en las agendas de candidatos o de la opinión publica en general. 
Como antecedente previo, en la pagina web del Ministerio de Relaciones Exteriores se declaran 3  principios, 15 prioridades y 10 intereses. En esta sección vale la pena enfocarse en las prioridades en donde destacan que se declara como estratégica la relación que tenemos con los Estados Unidos de  Norteamérica, que se busca mejorar la integración con los países latinoamericanos y en particular con nuestros vecinos, incluyendo la profundización de los procesos democráticos, y que la integración y  posicionamiento en el Asia Pacífico es una política de Estado. Por alguna razón, nuestro amor por Europa sigue estando presente en nuestras prioridades, a pesar de que como región han ido perdiendo peso político y económico, y por ultimo, el tema de las migraciones pasó a ser una de las prioridades, ya que tiene una sección dedicada con un claro acento venezolano. 
Por qué es necesario arrancar revisando lo que nuestra Cancillería indica son sus principios, prioridades  e intereses. Lo es porque el problema de nuestra política exterior bien puede estar en la ausencia o sobrevaloración de una o más prioridades, o bien en que, si lo está, la ejecución está siendo incorrecta  y por ende un problema que se debe arreglar. 
En la entrevista del domingo después de tener que dar explicaciones por sus declaraciones relativas a la no vacunación de extranjeros con visa de turista, la inmigración venezolana por pasos fronterizos autorizados y no autorizados con Bolivia, la infortunada declaración que se firmó por la visita de Alberto Fernández, en que se apoyan las reclamaciones Argentinas sobre las Falklands, Georgias y  Sandwich del Sur, a pesar de que ellos a través de su declaración de plataforma continental extendida pasan a llevar el punto F del TPA del 84 y todo lo que ello implica, y en donde al parecer estratégicamente, no responde todo lo que se le pregunta, y que después de pasar por la relación con el Reino Unido y el problema de las cerezas Chilenas en China, llega a indicar sus tres avenidas  significativas, siendo estas: a) Aumento de presencia vecinal y regional, la relación estratégica con USA,  aumento de la relación con Europa, y el foco en Asia Pacífico que se amplia de China y Japón para incluir a la India y los países del TPP-11, b) Afianzar la inserción comercial con el mundo, y c) El  desarrollo de la vocación internacional de Chile pasando de relaciones solo económicas a unas que incluyan temas de interés global como son el cambio climático, la protección de los océanos, desarrollo del hidrógeno verde y otras iniciativas de ese tipo. 
Una cosa es lo que diga lo que se entiende es nuestra actual política exterior, y otra es lo que debiéramos tener como intereses nacionales, considerando nuestra ubicación en el mapa, nuestro  tamaño en términos de población y territorios físicos – marítimos, características de nuestra economía, dependencia del resto del mundo, y antecedentes históricos, políticos y económicos de la relación con nuestros vecinos. En ese sentido lo que ayuda es definir qué es Chile y si hacemos eso bien, el resto de  las respuestas salen fácilmente. 
Chile está ubicado en el extremo sur occidental de las Américas. Sus vecinos son Perú por el norte, Bolivia por el noreste y Argentina por el este. Por abajo llega hasta el Polo Sur y al occidente sus vecinos más cercanos son Nueva Zelanda, Australia y la Polinesia Francesa. Tiene una zona económica exclusiva que es casi 5 veces su territorio físico (sin incluir la Antártida), y tiene posesiones insulares en el Pacífico como son la Isla de Pascua, Sala y Gómez, el archipiélago de Juan Fernández y las Desventuradas, las que generan profundas proyecciones hacia el oeste de Chile. 
Somos lo más parecido a una isla, ya que por el norte no separan un desierto, y por el noreste desiertos  y alturas, las que después nítidamente nos dividen de los Argentinos. Estas características junto con el hecho de que tenemos economías vecinas’ que más bien son competidoras y poco complementarias hace que estemos abiertos al mundo y comerciando con las profundidades del Pacífico, ya que ellos si  necesitan lo que producimos, y nosotros lo que ellos exportan. No tiene nada de malo de que no tengamos posibilidades de estar más integrados con los que nos rodean. Lo que sí es malo es tratar de doblar la realidad y pintarla de tal manera de que se trate de indicar que tenemos grandes posibilidades de desarrollo económico conjunto. Dicho eso no quiere decir que no tengamos buenas relaciones con ellos, las que obviamente no deben ser a cualquier costo y aceptando lo que ellos se les ocurra. Las relaciones vecinales se deben conducir bajo el principio de no desear los bienes ajenos y de no intromisión en los temas internos de otros países. 
Somos un país de tamaño medio tanto por nuestro peso económico, tamaño físico y poder militar, pero somos pequeños cuando se nos mira por el lado de la población. Esto indica que debemos  ajustarnos a las reglas del mundo, ser un buen alumno que cumple con todas las tareas, y navegar las aguas entre los grandes que hoy rigen el sistema bipolar (USA vs China) sin casarnos con uno u otro, y es por ello que no se comprenden cosas como declarar que nuestra relación con el país del norte es estratégica, y por otro lado, sí se entiende nuestro foco en el Indo-Pacífico, que a la fecha está demasiado concentrado y dependiente de China, nuestro principal socio comercial. Es por ello que la estrategia de desarrollar otros mercados en esa parte del mundo es deseable y lógica, como también lo  es firmar el TPP-11. 
Lo que no se entiende es nuestro gran interés por Europa, un continente que ha perdido peso económico para nosotros y que independiente de ser el origen de parte de la población de Chile y  tener fuertes lazos culturales, no tiene mayores objetivos políticos comunes con nosotros, excepto e  lo que se refiere a materias de interés científico, educacional-académico, y de Defensa, donde sí ocupa una posición de privilegio. En esa misma dirección tampoco se entiende ese fanatismo que tenemos por meternos en problemas de otros como es Venezuela, lo que va en línea con nuestro deseo de profundizar los procesos democráticos en los países de la región, pero que va en contra del principio de no intervención y que es parte de la fuente del problema de la gran migración que tenemos desde ese país. No se logra entender nuestra obsesión de meternos donde no corresponde y después reclamar por las consecuencias no deseadas de las acciones que realizamos. 
En resumen, no necesitamos declarar tantos principios, prioridades e intereses en política exterior. Basta con que reconozcamos quiénes somos, dónde estamos ubicados, qué lugar ocupamos en el mundo, que nos pide el resto del mundo en términos de comportamiento, quién nos puede comprar lo que producimos y dónde nos conviene abastecernos, y por, sobre todo, con nuestros vecinos mantener relaciones cordiales basadas en no desear bienes ajenos y en la no intromisión en los asuntos internos de otros estados. Si nos limitamos a lo anterior podremos descubrir que la política exterior puede ser simple y fácil, y no fuente de desencuentros y problemas como ha sucedido en algunas oportunidades recientes. 
Y, por último, si tenemos claro lo que buscamos en política exterior, será más fácil definir lo que necesitamos en política de defensa, ya que lo primero conduce a lo segundo, o bien tienen claras  interdependencias.

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