Marcas copernicanas tras la crisis

33

Sergio Lehmann

Nicolás Copérnico, astrónomo, matemático y físico polaco, entre otras dimensiones de su amplia formación, cambió definitivamente la forma en que se concebía el mundo a inicios del siglo XVI. Es reconocido como uno de los grandes científicos de la historia, cuyo modelo heliocéntrico para la concepción del universo, una propuesta subversiva para la época, redefinió para siempre la ciencia, la filosofía y la religión. Borró de un plumazo los paradigmas que desde Aristóteles se habían erigido como parte esencial de la humanidad, debiendo confrontar a las instituciones más poderosas de su tiempo. Más de algún renombrado intelectual ha pagado con su vida tal atrevimiento.

Guardando las debidas proporciones, 2020 tuvo componentes copernicanos que dejarán huellas indelebles en nuestra historia. Enfrentamos la crisis más profunda en casi 100 años, que llevó al diseño de políticas económicas de forma y magnitud inéditas de manera de contener sus impactos, al tiempo que se establecieron restricciones sanitarias y de movilidad que sólo se reconocían en el imaginario recogido de cuentos fantásticos o viejos relatos, con el propósito fundamental de salvar millones de vidas a nivel global.
Se desarrolló investigación en el área de la microbiología a una velocidad que parecía imposible, lo que permitió acumular valiosa información relativa a los virus, mecanismos de contagio, sintomatología e inmunología. El conocimiento recogido en tan sólo un año permitirá avanzar en el diagnóstico, tratamiento y, por qué no, la erradicación de un amplio abanico de enfermedades.
En Chile, además de políticas inéditas que debieron implementarse, destaca la rápida adopción de nuevas tecnologías y fortalecimiento de canales de distribución en el comercio, en la provisión de servicios y en la industria, de forma de acomodarse a las estrictas medidas sanitarias que hubo que aplicar, acelerando una transformación que caminaba a paso lento. La fuerte caída en la actividad que llevó la crisis, especialmente del lado de servicios, implica que recién en 2022 alcanzaremos las cifras de producción de inicios de 2020. Con la trayectoria para la actividad económica que se proyecta, podemos estimar que el costo asociado a la crisis se sitúa en torno a US$ 40 a 50 mil millones, una cifra enorme si reconocemos que el PIB de Chile alcanza a cerca de US$ 260 mil millones.
Tal como lo señalara el Banco Central, de forma de compensar hacia los próximos años este monto, es imprescindible acelerar el crecimiento económico. Se estima que el producto de largo plazo de Chile se sitúa hoy día ligeramente sobre 2%, consecuencia de la caída en la inversión y el marcado deterioro en el mercado laboral, además de una productividad mayormente estancada desde hace ya varios años. Para compensar el daño provocado por la crisis debiéramos alcanzar un crecimiento cercano a 3,5% en la próxima década, precisamente la cifra tendencial que registrábamos antes del estallido social.
Ello exige elevar la productividad, fortalecer la institucionalidad y dar señales de estabilidad que permitan recuperar la inversión. Los cambios estructurales con algún sabor copernicano que nos dejó la crisis nos obligan a redoblar los esfuerzos para alcanzar ese objetivo. Pueda ser entonces que en esta tarea nos inspiren los grandes científicos de la historia, cuyas convicciones, intelecto y trabajo arduo llevó a reescribir la forma en que nos reconocemos y configuramos el mundo, dando un salto cuántico en avances científicos y progreso para la humanidad.

Fuente

Opina sobre este artículo