Ola de frío: España será Escandinavia (durante cuatro días) | España

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La borrasca Filomena es historia desde el domingo, cuando se alejó de la Península hacia el Mediterráneo occidental, pero la situación meteorológica seguirá siendo muy adversa toda esta semana. Tras sufrir la peor nevada en lo que va de siglo, o incluso en zonas como Madrid en más de un siglo, el país entra este lunes “en una intensa ola de frío, que conducirá a las temperaturas mínimas a valores inferiores incluso a los 10 grados bajo cero no solo en áreas de montaña, sino también en amplias zonas llanas del interior”, advierte Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En la primera madrugada del episodio se han producido extensas y muy fuertes heladas y no en los picos como es habitual, sino en puntos poblados. Dos localidades de Soria y una de Teruel copaban el podio del frío a las seis de la mañana, con -17,5 ºC en Burgo de Osma y -16,1 en Ucero, y -16 en Bello. También se ha bajado de -13 ºC en puntos de Zaragoza, Segovia, Soria, Lleida o Guadalajara.Desde este lunes y hasta el viernes, las heladas serán generalizadas en buena parte del interior o incluso en zonas costeras. Por el día, los termómetros se quedarán por debajo de los cinco grados en general, aunque incluso pueden estar cerca de la helada o en valores negativos en zonas llanas del centro.La temperatura media de todo el día “se quedará entre cuatro y cinco grados por debajo de lo habitual en general y en algunos puntos entre seis y siete grados”, señala José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored en tiempo.com, que apunta a que, durante unos días España, se teletransportará “al invierno de Escandinavia, donde lo normal en enero es que haga de día cero grados y, de noche, se baje a -10/15”.Además de los riesgos que suponen para una población habituada a inviernos cada vez más suaves, las intensas heladas nocturnas y el ambiente diurno muy frío “harán que la nieve se convierta en hielo” y favorecerán su persistencia en muchas zonas durante toda la semana, lo que “complicará muchísimo la movilidad”, alerta el portavoz de la Aemet.El azote del frío será especialmente duro donde más ha nevado, es decir, el centro y en la meseta sur, “unas zonas muy poco habituadas a semejantes temperaturas”, subraya Del Campo. En cambio, la zona menos afectada será el suroeste peninsular, donde hará frío, pero no será extremo.Una treintena de provincias de 12 comunidades, Andalucía, Aragón, Baleares, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Comunidad de Madrid, Murcia, La Rioja y la Comunidad Valenciana, han amanecido este lunes bajo aviso por bajas temperaturas que, en el caso de provincias como Madrid, Lleida, Toledo, Albacete y Guadalajara es naranja, el segundo de una escala de tres. En otras, como Granada o Jaén, es, en cambio, amarillo. El martes, las mismas comunidades volverán a estar en alerta.En capitales como Valladolid, Cuenca, Toledo, Albacete, Palencia o Soria los termómetros rondarán los -8/-10 ºC, mientras que en la capital se puede llegar a bajar de dicha cota, con lo que se puede batir el récord de temperatura mínima establecido en 1945. En Madrid, lo normal es que en enero pueda helar, pero de forma débil, con -2 y -3 grados como mucho. Además de Madrid, Viñas apunta a que también podrían caer otros récords de mínimas en la provincia de Teruel o en puntos de Castilla-La Mancha.El pico del episodio se vivirá en la primera mitad de la semana. Así, las temperaturas nocturnas más bajas se esperan para la noche del domingo al lunes y también para la madrugada del martes. A partir de la madrugada del miércoles, detalla Aemet en su aviso por ola de frío, “se iniciará un ascenso de las temperaturas, sobre todo de las nocturnas, que afectará a la mitad este peninsular y zonas de montaña”, de modo que las heladas continuarán de forma generalizada en el interior, pero no con la intensidad de los primeros días de la semana. “Por suerte, no va a ser duradera. El fin de semana empezarán a normalizarse las temperaturas y, aunque seguirá haciendo algo más de frío de lo normal, ya no será tan extremo”, vaticina Viñas.Este experto, autor de libros como Diccionario Ilustrado del Tiempo y el Clima y Conocer la meteorología, destaca varias particulares llamativas de esta ola de frío. Lo habitual en episodios de nevadas como este es que concluyan con lluvia, que funde parte de la nieve caída, y que después se suavicen las temperaturas, exactamente al contrario de lo que va a suceder ahora. “La razón es que la borrasca, por la trayectoria que ha tenido no de lleno, sino hacia el Mediterráneo, apenas si ha movido la masa de aire frío instalada en la Península desde el 1 de enero, que tenía un origen ártico y que ahora se va a intensificar por el efecto de la nieve depositada en el terreno”, explica.Era una masa de aire ya de por sí muy frío, que dejó a primeros de año registros de frío espectaculares en cotas altas de Pirineos, en la cordillera Cantábrica y el sistema Ibérico, aunque en estaciones que no pertenecen a la red oficial de la Aemet, por lo que estos datos “no son de carácter oficial”, puntualiza Del Campo. El día 6, en la estación meteorológica del Clot de la Llança, en el Pirineo catalán, se llegó a los -34,1ºC, según comunicó el Parque Natural del Alt Pirineu, dependiente de la Generalitat de Cataluña y que cuenta con datos desde 1920. Al día siguiente, se midieron -35,6 ºC en Vega de Liordes – Picos de Europa (León), de la red de Acamet. “Son estaciones puestas en enclaves específicos y que no son representativos”, añade Viñas. Otra de sus rarezas es que una ola de frío habitualmente se produce cuando llega “de manera brusca” una masa de aire muy frío pero, en este caso, ha sido distinto porque “esta masa ya estaba aquí antes” de Filomena.Además de la masa fría previa, otro causante directo de esta “inusual ola”, continúa Del Campo, es “un anticiclón que se aproxima desde el Atlántico”, que abrirá los cielos y los dejará poco nubosos o despejados. La combinación de esos cielos, el viento en calma y la acumulación de una ingente cantidad de nieve en superficie dará lugar al frío extremo. Pero de fondo, está el cambio climático. “El calentamiento global está alterando la propia circulación atmosférica, lo que está haciendo que los fenómenos extremos vayan a más, muy claramente las olas de calor, pero también los invernales”, lamenta Viñas, que considera “probable que inviernos de promedio suaves tengan dos episodios potentes y extraordinarios de nevadas y de frío como este”.Como antesala del frío, el domingo siguió nevando en Aragón, Asturias, Cataluña, Navarra, La Rioja, interior del País Vasco y Cantabria. En Cataluña, se acumularon 57 centímetros y, después tres años de ausencia, la nieve volvió a algunos municipios de la sierra de Aracena y Picos de Aroche, en la provincia de Huelva. También se dejó ver en la sierra de Cádiz, en localidades como Grazalema, así como en los tejados del barrio del Albaicín y de la Alhambra, en Granada.¿Son frecuentes estos fenómenos en España? No es lo mismo frío que ola de frío en términos meteorológicos. Para que ocurra, se deben superar unos umbrales de extensión —afectar a gran parte del territorio —, duración —al menos tres días— e intensidad —unas temperaturas que estén entre el 5% de las más frías de los meses de enero y febrero—. Según un estudio del Banco Nacional de Datos Climatológicos de la Aemet y que deja fuera a Canarias por sus suaves temperaturas, en los últimos 40 años ha habido 58 olas de frío, la última de ellas hace dos inviernos. Se inició el 4 de diciembre de 2017, duró tres días, afectó a 13 provincias y fue la única de la temporada. En el anterior invierno también se registró una sola, el 18 de enero de 2017, y duró también tres días. En el invierno de 2015-16 no hubo ninguna.
El estudio de la Aemet revela que el invierno más crudo fue el de 1980-81, cuando se sufrieron hasta cuatro olas de frío que duraron 31 días en total, seguido de la de 1975-76, también con cuatro pero solo de 22 días. La más larga duró 17 días y fue en diciembre de 2001. La más intensa se produjo en enero de 1985, con una anomalía térmica de 5,5º por debajo de lo habitual. La más extensa en cuanto a territorio fue también en esa temporada, con 45 provincias afectadas, y la que marcó la temperatura más baja fue la de noviembre de 2007, con 8,8ºC menos de lo habitual.

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