Opinología tributaria y rally del cobre

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Alicia Domínguez

No me deja de sorprender la naturaleza humana, ni menos la chilena. La verdad es que nos hemos convertido en los campeones de la “opinología”. Digno de análisis lo que está sucediendo con el cobre.
Estamos todos felices con estos nuevos precios. Nos vienen de maravilla y qué bien escuchar a muchos sacando cuentas alegres, pero, debemos tener cuidado de no aguar la fiesta. De repente aparecen muchas personas dando ideas, sin saber lo suficiente para opinar. Y lo preocupante es que tienen tribuna y una cándida audiencia. Aparecen como iluminadas, convertidas en economistas y tributaristas, dando “ideas novedosas” de cómo lograr más aportes de la minería.

Al respecto, me interesa aportar a una discusión informada, reflexiva y de buena fe, que propenda al bienestar y desarrollo integral del país, en el corto, mediano y largo plazo. La minería no es un castigo; es por el contrario un don, quizás nuestra más importante fuente de riqueza. Las mineras tampoco son nuestras enemigas, ni Codelco ni las privadas chilenas o extranjeras. Son justamente ellas las que permiten que ese don natural se convierta en riqueza para todos. Ellas deben aportar, en el más amplio sentido de la palabra, según lo determine la ley. Por supuesto que esa normativa puede cambiar, y así debe ser según vamos evolucionando, y, de hecho, así ha sido. Hemos tenido cambios de los que sentirnos orgullosos a nivel laboral, sindical, medioambiental, social y tributario.
Y en este último aspecto me quiero detener. Se levanta como gran idea imponer ahora un nuevo tributo que permita recaudar más recursos durante los ciclos de “bonanza” de los metales. Se habla de una “reforma tributaria exprés”. ¿Qué es eso de “exprés”? ¿Significa rápida, sin pensar y oportunista? Pero bueno, más allá de esa polémica -que no contribuye- la buena noticia para todos nosotros es que no necesitamos esa “reforma exprés”. En Chile ya tenemos un tributo especial que afecta a la gran minería y recoge mayores recaudaciones en tiempos de bonanza. Así es, tal como lo digo, desde el 2010 existe y tiene una tasa que sube automáticamente cuando mejoran los precios. En efecto, es así de simple: las tasas del impuesto específico de la industria minera varían dependiendo del margen operacional minero. De este modo, si mejora el margen operacional minero (debería suceder con un incremento en los valores), las tasas suben. Se trata de un gravamen de tasas marginales progresivas, que van desde el 5% hasta un 14%. Esto significa no solo que si la “torta” crece hay más base para recaudar (como pasa con el impuesto corporativo de un 27%), sino que también significa que si la torta crece hay una “mayor tajada” que obtener de esa mayor base.
Es decir, en el 2010 ya previmos situaciones como éstas. ¡No es necesario abrir ahora una polémica desorientadora para solucionar un tema ya resuelto! Lo probable es que como desde el 2011 que no veíamos estos precios, no habíamos tenido la oportunidad de gozar de esta alza. Dejemos que los expertos aconsejen y que las instituciones funcionen y muestren si son virtuosas o no. Si después de esto no quedamos conformes, podremos reflexionar y debatir al respecto.

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