Para las empresas, el poder del relato

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Alberto Luengo

Tras el plebiscito del 25 de octubre pasado se impone revisar el relato empresarial para intentar adaptarlo a las nuevas exigencias de legitimidad social. La sucesión de elecciones y procesos de cambio en los próximos meses no puede nublar el diagnóstico de base: el problema principal de Chile es la legitimidad. El país está haciendo su proceso, pero, ¿y las empresas?

Ahora se requiere abrir la mente, el corazón y el oído para generar conversaciones que favorezcan un mayor vínculo con la sociedad. El mejor ejecutivo no será el que se las sabe todas, sino el mejor gestor de los conflictos, el que logre hacer productiva la diferencia. La empatía puede será una mejor estrategia que la autoridad.
Revisar el deber ser, abrirse a reconocer el disenso, la fortaleza de los sindicatos y el poder de los proveedores son algunas de las tareas en un escenario en el que el motor social será el conflicto, no el consenso.
La democracia implica una resolución pacífica de los conflictos, no su eliminación, como parece haber sido la interpretación en las últimas décadas. La confrontación llegó para quedarse. De cada uno de nosotros depende que este mayor nivel de conflicto no se convierta en violencia y caos, pero será inútil que tratemos de evitarlo.
La reputación corporativa en Chile vive una caída histórica, más profunda que durante las colusiones de farmacias, pollos y papel confort. Por primera vez en dos décadas, el Índice Ipsos de Reputación Corporativa de 2019 se hundió bajo los 600 puntos y esto ya estaba en marcha antes del 18-O. Como explicó Alejandra Ojeda, encargada del estudio, “la noticia iba a ser una crisis reputacional, independiente del estallido social”.
En ese contexto, en la “Hoja de Ruta”, un documento de agosto pasado de la Sofofa, se vuelve al tic empresarial de pedirle cosas al Estado, sin reparar en que el sector empresarial también tiene parte en este quiebre mayor. Vivimos en un mundo de mayor incertidumbre, con crisis sanitaria, mayor desempleo estructural, mayores niveles de violencia y con una catástrofe climática probablemente irreversible. El desorden en la política no se va a resolver, a lo más se puede gestionar.
Se requiere superar la lógica de la negación y del atrincheramiento de buena parte de la elite en esa isla de las tres comunas del Rechazo, que se mostró al día siguiente del plebiscito. Se requiere una épica de la renovación. En la serie “Game of Thrones” hay un momento que puede servir de inspiración. Es cuando Jon Snow, enviado al muro para proteger a los siete reinos de los salvajes, decide abrir las puertas a esos enemigos, porque ha visto un peligro mayor que los amenaza a todos: la llegada del invierno y sus caminantes blancos. “El invierto ya viene”. Y lo que está por venir, dice, es peor que los salvajes.
Esa es la imagen que debería inspirar a la empresa: abrir sus muros a los stakeholders, a los sindicatos internos, a los consumidores, al conflicto. Abrirse a todos los diálogos, cambiar los incentivos a los ejecutivos para motivarlos a comprender mejor lo que está pasando y comenzar a adaptarse a los paradigmas de una nueva legitimidad.

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