Por qué la Angloesfera coincide en el tema de China

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Gideon Rachman © 2021 The Financial Times Ltd.

Gideon Rachman

Como regla general, es una buena idea desconfiar de las personas que no dejan de hablar de la “Angloesfera”. En Gran Bretaña, es una idea que recuerda la nostalgia imperial y de la Segunda Guerra Mundial. La noción se remonta a Winston Churchill, quien escribió “Historia de los pueblos de habla inglesa” en cuatro volúmenes.
Ahora, sin embargo, la idea de una Angloesfera está adquiriendo una inesperada relevancia contemporánea. El detonante es el comportamiento cada vez más asertivo de China, que está uniendo a un grupo de países de habla inglesa, los cuales han adoptado políticas más agresivas hacia Beijing.

La administración Trump comenzó una guerra comercial con China y aumentó las operaciones navales en el Pacífico. La voluntad de confrontar a Beijing claramente persistirá, de forma modificada, durante la administración de Joe Biden. El nuevo Presidente estadounidense ha prometido una “competencia extrema” con China. La primera llamada telefónica entre Antony Blinken, secretario de Estado de EEUU, y Yang Jiechi, su homólogo chino, fue mordaz.
Sin embargo, algunos de los aliados europeos de EEUU desconfían mucho de lo que temen sea una nueva guerra fría con China. La Unión Europea (UE) sorprendió al equipo de Biden al firmar un nuevo acuerdo de inversión con Beijing, ignorando los llamados a consulta con EEUU. Angela Merkel, la canciller alemana, hizo todo lo posible en un discurso reciente para advertir contra la postura anti-China que divide al mundo en bloques. Emmanuel Macron, Presidente de Francia, ha hecho declaraciones similares.
Por el contrario, EEUU tiene más apoyo del Reino Unido, Australia y Canadá. Todas estas naciones han visto cómo sus relaciones con Beijing se han deteriorado drásticamente en los últimos dos años. Como resultado, se sienten más inclinadas a adoptar la opinión de EEUU de que el ascenso de China es una amenaza que debe contrarrestarse.
La agresividad australiana es en parte producto de los estrechos vínculos entre los sistemas de seguridad de Washington y Canberra. Pero también es el resultado de la imposición de sanciones comerciales por parte de China en respuesta a los 14 “pecados” australianos, identificados por China, entre los que se incluía el hecho de que Canberra solicitó una investigación internacional sobre los orígenes de Covid-19.
El arresto en Canadá de Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, en respuesta a una solicitud de extradición de EEUU, provocó furia en Beijing. Poco después, dos canadienses, Michael Kovrig y Michael Spavor, fueron arrestados en China y acusados de espionaje. Básicamente, han sido retenidos como rehenes desde entonces. Las relaciones entre Canadá y China se encuentran en su peor momento desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas hace 50 años.
La opinión británica sobre China también se ha transformado durante el año pasado. La represión en Hong Kong por parte de China provocó indignación en los círculos políticos. El Reino Unido ha ofrecido una vía hacia la ciudadanía a potencialmente millones de residentes de Hong Kong, una medida denunciada en Beijing. Cada semana parece traer un nuevo deterioro en las relaciones entre el Reino Unido y China. El regulador de los medios de comunicación británico acaba de prohibir CGTN, la emisora china, con el argumento de que, en última instancia, está controlada por el Partido Comunista. China ha denunciado a la BBC por difundir denuncias de violaciones sistemáticas en los campos de detención de uigures. Las relaciones podrían enfriarse aún más este año cuando los británicos envíen un portaaviones al Pacífico, donde participará en ejercicios con la Marina estadounidense.
El gobierno chino se ha dado cuenta del surgimiento de esta Angloesfera. Cuando EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido emitieron una declaración conjunta sobre Hong Kong, la respuesta oficial de China fue feroz. Estos países forman el grupo de intercambio de inteligencia “Cinco Ojos”, lo cual llevó a Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a comentar: “No importa si tienen cinco o diez ojos, si se atreven a dañar la soberanía de China, deben tener cuidado de que sus ojos no acaben heridos y cegados”.
Los funcionarios británicos señalan que Cinco Ojos no es una alianza, su cometido no va más allá de la inteligencia. Pero ahora se habla de darle al grupo una ventaja política más evidente agregando un sexto par de ojos. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, ha sugerido que podrían invitar a Japón a unirse. A muchos observadores de China en Washington les interesa esta sugerencia, aunque la comunidad de inteligencia estadounidense se muestra escéptica.
Japón no es la única nación asiática que está siendo cortejada por la Angloesfera. India también es fundamental para el pensamiento estratégico de Washington, Londres y Canberra, como lo indica la creciente moda del término “Indo-Pacífico” en las tres capitales. EEUU cambió el nombre de su comando militar del Pacífico a comando “Indo-Pacífico” en 2018. También es probable que se haga mucho énfasis en el Indo-Pacífico en la nueva estrategia de seguridad nacional de Gran Bretaña, que se publicará pronto.
Nueva Delhi siempre ha protegido su autonomía en materia de política exterior. Como superpotencia emergente, no tiene intención que Washington la utilice, y mucho menos Londres.
Por otro lado, en lo que probablemente se considere un error histórico, China mató a tropas indias en un enfrentamiento en los Himalayas en junio pasado. Desde entonces, la actitud de India hacia China se ha endurecido considerablemente, pues Delhi ha ejercido presión mediante controles sobre las inversiones y la tecnología chinas. La cooperación tecnológica es un área en la que es probable que India y la Angloesfera colaboren. India ya es parte del “Cuadrilátero”, que reúne a EEUU, Australia, Japón e India para ejercicios navales.
Mientras EEUU busca aliados dispuestos a hacerle frente a China, la Angloesfera más las grandes democracias asiáticas parece la combinación más prometedora.

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