¿Por qué mienten los políticos?

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La mentira no es algo que le pertenezca a un grupo o sector determinado. Y no es tampoco una característica de tal o cual profesión. Sin embargo en la política hemos visto que, históricamente, se repiten ciertas conductas en que la verdad queda, por decir lo menos, de capa caída.
Por eso es que en tiempos como en los que vivimos, con elecciones y decisiones democráticas en curso, y con mucha gente movilizada a nivel mundial para exigir más transparencia y rigor por parte de las autoridades, nos atrevimos a pensar en cuál es la razón de que los políticos muchas veces mientan con tanta facilidad.Noticias Relacionadas 
¿Por qué mienten los políticos?
¿Recuerdas cuando los adultos te decían que una mentira traía consigo otras mentiras? Pues bien, eso tiene mucha razón porque por lo general, cuando mientes tienes que seguir mintiendo para cubrir las falsedades iniciales que dijiste. Por eso es que la neurociencia nos enseña que todos debemos “hacer caso a nuestros mayores” con ese consejo primigenio con el fin de mantener nuestro sentido emocional y generar un equilibrio entre el bien, el mal.El caso es que, más allá de la mera conveniencia que puede significar mentir, ocurre que el cerebro aporta con algo que, biológicamente es natural, y ocurre en una estructura cerebral llamada amígdala cerebral.
Se hizo un estudio para determinar cómo es el proceso de la mentira y la relación que tiene con la amígdala cerebral. En esta investigación los autores encontraron que la amígdala se activaba cuando las personas mentían, esto con el fin de lograr un beneficio. La respuesta de la amígdala a la mentira disminuía con cada engaño, mientras que la magnitud de las mentiras se intensificaba.
Es decir. Cuando una persona miente ocurre que una serie de neuronas procesan las reacciones que después se traducen en vergüenza o remordimiento. Sin embargo, si alguien miente continuamente, el cerebro se termina acostumbrando. El funcionamiento de la amígdala se reduce y con ella se reduce la sensación de arrepentimiento, lo que hace que sea cada vez más sencillo mentir.
 
El experimento
Dirigidos por Tali Sharot, los investigadores del University College London idearon varios escenarios en los que los participantes mintieron repetidamente a sus pares. Los investigadores utilizaron tecnología fMRI para escanear los cerebros de los participantes durante el experimento. Descubrieron que la actividad en la amígdala cerebral disminuía cuanto más deshonestos eran los participantes.
Sharot y sus colegas teorizan que, cuanto más juegas a Pinocho y mientes, más disminuye el conflicto interno de mentir. Dejas de sentirte tan mal por lo que estás haciendo, esencialmente dejando de preocuparte.
Esas son malas noticias, por supuesto, porque si sientes que mentir ya no es un gran problema, o si ya no estás en conflicto al respecto, es increíblemente fácil agregar otra mentira a la última y seguir acumulando falsedades a la bola de nieve.
Mentir para vivir
El trabajo de Sharot tiene fuertes implicaciones para manejar la verdad, o más bien, la falta de ella, en el lugar de trabajo o en cosas que son fundamentales para la vida.
Debido a que la respuesta de la amígdala disminuye cuanto más miente alguien, es posible que tenga más dificultades para lograr que admita que no ha sido honesto cuanto más tiempo a esa persona se le permita seguir mintiendo, estará tan acostumbrado a mentir que será imposible que vuelva atrás y se vuelva honesto.
Además, la experiencia de salirse con la suya tras una mentira puede llevar al mentiroso a verte como una persona crédula y poco inteligente, lo que hará que se convenza de que no enfrentará consecuencias negativas si miente sobre otras cosas. Y esto hace que crea que es mejor mentir porque la reprimenda siempre será menor al beneficio de sostener una mentira.
Sharot y su equipo también encontraron que la actividad de la amígdala disminuyó principalmente cuando las personas mintieron para beneficiarse. Por esto la investigadora cree que la gente podría aprender de las causas de la excitación emocional. Si pueden sentir menos la excitación, es menos probable que vean las mentiras como malas o como actitudes contrarias a su sensación de verse a sí mismos como personas honestas.
 
En tiempos de elecciones…
En su columna The Power Of Prime el especialista y académico Jim Taylor analizó las mentiras de la política y se aproxima a varias ideas que nos entregan un panorama bastante claro de por qué nos meten el dedo en la boca y seguimos abriéndola.
¿Por qué los políticos creen que pueden mentir y no ser atrapados?, dice Taylor. Particularmente en esta era de Internet y su ejército de verificadores de datos, las posibilidades de que las mentiras se mantengan bajo el resplandor del inevitable ciber-escrutinio son escasas o nulas.
Por supuesto, algunos políticos ni siquiera tratan de sumarse a la frase que dice que “la honestidad es siempre la mejor política”.
Entonces, ¿por qué los políticos creen que pueden mentir cuando sus falsedades se descubren tan fácilmente? Aquí tienes algunas razones.
Muchos políticos son narcisistas
Aunque la investigación sobre los políticos es limitada, no es difícil ver la conexión. Los narcisistas son arrogantes, engreídos, se ven a sí mismos como especiales, requieren una admiración excesiva, tienen un sentido de derecho y son explotadores.
Si parece un pato y suena como un pato, probablemente sea un pato. Esta constelación de atributos narcisistas les hace creer que tienen razón y, aunque no lo tengan, son demasiado inteligentes para ser atrapados o sufrir las consecuencias. En otras palabras, creen en sus propias tonterías. Caso en cuestión: como señaló John Edwards , exsenador y candidato a vicepresidente, “[Mis experiencias] alimentaron un enfoque en uno mismo, un egoísmo, un narcisismo que te lleva a creer que puedes hacer lo que quieras”.
Hay incautos fieles
Los políticos saben que sus seguidores les creerán, incluso frente a pruebas irrefutables de lo contrario. Los políticos y sus seguidores viven en una cámara de resonancia en la que todos ven el mismo canal de noticias, escuchan el mismo programa de radio, leen los mismos periódicos y sitios web y se juntan con las mismas personas de ideas afines.
Existe una membrana impermeable que evita que ingrese información contradictoria. El contenido de las mentiras también suele ser carne roja para la base hambrienta de los políticos que están muy felices de masticarla durante días y días.
La gente no quiere escuchar la verdad
La verdad, como dice el refrán, duele y nadie quiere escuchar cosas que amenacen su existencia, sus creencias o que lo incomoden.
Es definitivamente mejor que los políticos le digan a la gente lo que los hace sentir cómodos. ¿Por qué los políticos deberían ser los proveedores de malas noticias (y disminuir la probabilidad de obtener votos de la gente) cuando pueden contar cuentos de hadas con final feliz (que, por supuesto, todos quieren) y salir victoriosos?
Internet nunca olvida
Una de las consecuencias no deseadas de Internet es que la información, verdadera o no, perdura para siempre y es probable que se siga creyendo incluso frente a pruebas contradictorias.
Las investigaciones han demostrado, por ejemplo, que es más probable que las personas crean rumores infundados sobre un candidato político al que se oponen cuando lo leen en correos electrónicos y en blogs.
Sesgos cognitivos
Daniel Kahneman y otros han demostrado que la mente humana se involucra en muchos trucos cognitivos para ayudar a las personas a ser más eficientes, reducir la confusión y la ansiedad y mantener la vida simple y coherente.
Los ejemplos incluyen el Sesgo de confirmación que implica la inclinación a buscar información que apoye nuestras propias nociones preconcebidas; es decir: “El sesgo de confirmación o sesgo confirmatorio es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas”.
El reflejo de Semmelweis, que es la predisposición a negar nueva información que desafía nuestros puntos de vista establecidos; es decir, consiste en una metáfora para cierto tipo de humor caracterizado por un reflejo de rechazo al conocimiento nuevo porque contradice las normas, principios y paradigmas establecidos, es nombrado así por Semmelweis, cuyas ideas fueron ridiculizadas y rechazadas por sus contemporáneos. Como los terraplanistas o los antivacunas.
Además se puede añadir el efecto de exceso de confianza que no es otra cosa que la cualidad del ser humano de sobreestimar sus conocimientos y capacidades, de creer que sabe más de lo que realmente sabe, lo que implica una confianza injustificada en el propio conocimiento.
Miente que algo queda
El gran pensador Rousseau escribió que: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aun después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz”.
Es decir. Si se dice una mentira suficientes veces, la gente asumirá que es verdad. No es exagerado entender por qué la gente creería algo si lo oyera lo suficiente.
La gente espera que las mentiras sean refutadas y desaparezcan. Entonces, si las mentiras continúan siendo escuchadas, la gente asume, entonces deben ser verdad. Caso en cuestión: John Kerry siendo “Swift Boated” durante la campaña presidencial de 2004.
Es más económico mentir
En última instancia, los políticos mienten porque, debido a las razones anteriores, la relación entre costo / beneficio por mentir está a su favor.
Los políticos ejecutan este cálculo cuando crean o cambian una narrativa dañina, atacan a un oponente o responden a reclamos indefendibles en su contra.
Supongamos que la mayoría de los políticos saben cuándo están mintiendo (si no, no solo tenemos un montón de narcisistas en el gobierno, sino también muchos sociópatas). Entonces, los políticos mienten cuando creen que la deshonestidad es la mejor política para ser electos.
 

Independiente de la fracción política o el pensamiento que tenas siempre es bueno hacerse una idea con la mayor cantidad de información posible. Y con esto no se quiere decir que haya que desconfiar de todo el mundo, pero sí es bueno tener en cuenta que en un mundo superconectado es posible acceder a más información de la que teníamos hace 10 o 20 años, por lo tanto es bueno darse a la tarea de corroborar la información que nos entregan los políticos.
El profesor Robert Ackland, dijo que el consumo de información se está volviendo más aislado, con el espacio cada vez más reducido entre los productores y los consumidores de información en línea. Y señaló que “Las redes sociales han llevado a prácticamente cualquier persona a convertirse en una autoridad en la distribución de noticias, con poca verificación de hechos”.
Por eso te invitamos a verificar y cotejar aquello que sale de las boca de cualquier persona que se postula a un cargo porque, quizá, y como ya vimos, puede ser que le esté fallando la amígdala cerebral y no sea tan cierto aquello que dice.
Mejor checkear!
 
 

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