Seguro único de salud: la miopía de la centroderecha

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El año 2018, la Presidenta Michelle Bachelet propuso una reforma a las pensiones que aumentaba en un 5% la cotización a cargo del empleador. Un 3%  iba destinado a ahorro individual y un 2% a ahorro colectivo que sería administrado, este último, por una entidad pública. La propuesta fue duramente criticada por empresarios y las AFP, pensando que en el futuro podrían lograr una reforma donde toda la cotización fuera a un fondo individual. El resultado ya lo sabemos. No solo no se logró algo mejor, sino que el problema fundamentalmente empeoró. Se perpetuó el descrédito del sistema de pensiones, que se encuentra hoy atravesado por una serie de retiros de fondos, que a largo plazo perjudican a todos y todas: a los administradores que ven en jaque la existencia de las AFP, y a los pensionados, que verán aún más reducidas sus pensiones, de no mediar alguna reforma que, por ahora, no tiene horizonte cercano.
El caso de la reforma al sistema de salud va siguiendo un camino similar. Algunos presidenciables en la centroderecha, como Briones o Sichel, o Joaquín Lavín en la UDI, creyeron ver una luz en una reforma que simplemente es una “entelequia nacional”. Se trataría de un sistema “multiseguros”, en una forma que no existe en ningún país desarrollado. Un sistema de salud “a la chilena”, con empanadas y vino tinto, donde las cotizaciones irían a un fondo común, pero la aseguradora (estatal o privada) recibiría un monto menor o mayor, según si el paciente tiene mayor o menor riesgo de enfermar. En el fondo, se trataría de una competencia “regulada” entre un seguro estatal y otro privado, que permitiría, con otro nombre, salvar a las Isapres.
La idea, que parece seductora en el papel, no tiene lógica sanitaria ni futuro político. Peor aún, quienes la promueven parecen estar asistidos de la misma miopía de aquellos que pensaron que podía ser posible aprobar una reforma a las pensiones que no incrementara el pilar solidario.

El primer imposible del “multiseguro” es político. Al ser solo apoyado por candidatos de centroderecha, requiere para ser aprobado una mayoría de la derecha en las dos cámaras y un presidente de la misma coalición, escenario que no se ha dado en toda nuestra historia posdictadura y que. como van las cosas en Chile, se ve también casi imposible en los próximos años.
Por otra parte, y aún más importante, no tiene lógica sanitaria, en tanto que nada hace pensar que dicha reforma puede terminar con los actuales vicios de nuestro sistema. Las Isapres, según lo reconociera con brutal honestidad el exdirector de su asociación, Rafael Caviedes: “No se pueden dar el lujo de recibir gente enferma”. Dado que siempre será más rentable seleccionar pacientes sanos que tratar enfermos, aun cuando se intente regular, el mantener una “competencia” entre seguros privados e Isapres solo perpetuará una estructura donde habrá Isapres fundamentalmente para hombres  jóvenes de elevados ingresos, dejando al resto de la población en un seguro estatal que seguirá perpetuamente subfinanciado. En definitiva, la reforma simplemente dará certidumbre legal para que los nuevos seguros privados, con otro nombre, sigan discriminando entre potenciales afiliados.
La miopía fundamental de la centroderecha es simplemente negar una realidad que es evidente: Chile avanza rápidamente hacia un seguro único de salud, o sea, un sistema donde las cotizaciones (7% de las trabajadoras y los trabajadores) van a ir a un seguro único que aglutinará cotizaciones y aportes del Estado provenientes de impuestos, permitiendo atención sin discriminación por preexistencias en una red de prestadores. La duda no es si tendremos o no un seguro único, sino cómo se va a llegar a ese sistema y cuál va a ser su relación con los proveedores de servicios en salud.
A un seguro único se puede llegar casi por inercia. Esto es lo que pasará sin reforma, y no es algo positivo. En los últimos 10 años, los afiliados a Fonasa subieron de un 72% a un 82%. Todo hace pensar que esa tendencia va a seguir al alza, producto del constante incremento en el valor de los planes de Isapre y mejorías en los beneficios del sistema público. Sin embargo, aunque los afiliados a Fonasa aumenten por inercia, no necesariamente se logrará una mejor atención en salud.
Fonasa mantiene una estructura añeja, en la que su director es en la práctica un simpatizante del gobierno de turno. No hay un directorio profesional, con presencia de representantes de los pacientes ni una estructura orientada a lograr la mayor satisfacción de los usuarios. Hoy Fonasa es simplemente una caja pagadora, que hace transferencias desde el erario fiscal a los hospitales y clínicas privadas, sin exigir mucho en términos de calidad o satisfacción de sus asegurados.
Por otra parte, en términos de su relación con los prestadores, podemos avanzar hacia un seguro estatal que permita solo atención en prestadores estatales, o transitar hacia un sistema, como en el caso de Canadá, Corea del Sur o Australia, que permita la atención en una red integrada de prestadores privados y públicos, como ya se ha hecho en Chile durante la pandemia, por ejemplo, con los pacientes COVID-19.
La centroderecha debe buscar llegar a acuerdos con las mayorías sociales, saliendo de la defensa corporativa de ciertos grupos económicos. Para eso, debe dejar de hacer propuestas que en salud no tienen futuro legislativo y que tampoco nos acercan al ideal de países desarrollados. Un seguro único con un directorio profesional, sacado del ciclo político, similar al del Banco Central, y que permita atención en una red integrada público-privada, entregaría una mejor atención de salud, mejorando la eficiencia del sistema, al integrar prestadores que hoy trabajan aislados (por ejemplo, médicos en consultas privadas y hospitales públicos) y ampliando acceso a especialistas en Fonasa. En Isapres, pondría fin a la discriminación por preexistencias, a la reducción arbitraria de duración de licencias, mejorando además el acceso a medicamentos. Para esta realidad ya existen puntos de encuentro de izquierda a derecha. ¿Y las Isapres? Pueden transformarse en seguros privados, complementarios o de segundo piso, que cubran hotelería o procedimientos no vitales que pudieran no estar incluidos en un seguro único de salud.
El sector debe abandonar la miopía que tuvo con las AFP, durante el segundo mandato de Bachelet, y que hoy persiste en salud. La propuesta de “multiseguros” no será aprobada jamás. Es jugar a “trancar la pelota”, sin querer de verdad incidir en el resultado final y, para peor, siguiendo en la senda de las malas lecturas de los tiempos, las mismas que nos llevaron al estallido social chileno. Es necesario salir de esa lógica y buscar acuerdos cuanto antes, para que Chile tenga la mejor salud posible.

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