TPP11, ¿a qué le temen?

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Jorge Sahd

El tratado TPP11 enfrenta semanas decisivas en el Senado, tras una inexplicable dilación. La última noticia es el gallito entre el Senado y el Ejecutivo para no poner en tabla la votación del acuerdo, a pesar de la discusión inmediata definida por el Gobierno.
¿Es razonable que el Senado pida más tiempo para evaluar el impacto de una iniciativa? Sí, pero para eso han trascurrido más dos años desde su aprobación por los países firmantes. Además, la legítima deliberación debe ser basada en evidencia y hechos reales. En los cinco años que vengo siguiendo el TPP, no recuerdo un acuerdo más plagado de eslóganes, noticias falsas y una demonización fantasiosa.
La razón para aprobar el TPP11 es que beneficia a Chile y resulta relevante para nuestra inserción internacional. En 30 años, las exportaciones al Asia prácticamente se han duplicado, llegando a cerca del 55%, según cifras oficiales. Hoy Asia-Pacífico es el centro de gravedad del la economía mundial y Chile debe jugar en esas ligas.
El acuerdo ofrece ventajas concretas. Primero, mejora el acceso de más de tres mil productos chilenos en los países del bloque, como productos agrícolas, lácteos o productos del mar. Segundo, establece reglas comunes y modernas para una zona de casi 500 millones de personas, que representan cerca del 15% del PIB mundial. La dinámica del comercio mundial ha cambiado con la irrupción de la economía digital, el mayor peso de los servicios y las cadenas globales valor, hoy la forma principal de intercambio comercial. La integración requiere reglas que reconozcan y faciliten estas nuevas realidades, como lo hace el TPP11.
Finalmente, un punto clave: la diversificación. Cerca de la mitad del comercio chileno depende de sus principales socios, China y Estados Unidos. En un contexto de enfrentamiento estratégico entre ambas potencias y de mayor incertidumbre internacional, resulta clave que Chile siga mirando otros destinos. El TPP11 ofrece la posibilidad de insertarse con mejores condiciones y seguridades a mercados como Vietnam, Canadá o Japón.
¿A qué le temen con tanta fuerza los opositores al acuerdo? ¿A regalar la soberanía de Chile a empresas multinacionales? ¿A impedir que el Estado fije sus propias políticas públicas? ¿O que el acceso a los medicamentos se verá afectado?
Chile forma parte del orden internacional y sus compromisos ya consideran principios como la no discriminación a la inversión extranjera. Los mecanismos de solución de controversias inversionista-Estado del TPP11 no difieren de los ya consagrados en la OMC, CIADI o arbitrajes internacionales. Mirado desde la otra perspectiva, como país también aspiramos a que las inversiones chilenas de empresas como Enap o Coldeco sean debidamente respetadas en el extranjero. Tampoco el Estado quedará impedido de regular y fijar sus propias políticas públicas, como lo han hecho países que ya aprobaron el acuerdo en materia de inversión extranjera y derechos laborales, entre otros. El TPP reserva expresamente esa facultad. Por último, en una materia tan sensible como la salud de la población, Chile mantiene en el TPP11 el estándar de protección actual y plazos para acceder a medicamentos genéricos.
El incierto escenario internacional y la recuperación económica hacen más necesario que nunca reforzar nuestra inserción en Asia-Pacífico. Nuestras empresas deben salir al mundo con más seguridades y con nuevas oportunidades. El Estado chileno ha resguardado adecuadamente el interés nacional con la firma del TPP11. Es hora de que la discusión política deje la adolescencia y se vista de adulta.

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