Un retroceso en el cuidado de la vida

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En este mes, la comisión de la Mujer y Equidad de Género de la Cámara ha iniciado el análisis de la modificación del Código Penal, en relación con la despenalización -lo que aspira a ser una legalización al asegurar la prestación sanitaria- del aborto consentido por la mujer dentro de las primeras 12 semanas de gestación. A pesar de que la propuesta ingresó el año 2018, las mismas parlamentarias que lo han propuesto han señalado que “la marea verde” que vino de Argentina ha sido el estímulo de esta presentación. Llama la atención la racionalidad de este argumento, sin embargo, es vital expresar diferentes opiniones que enriquezcan la discusión.
En una sociedad que anhela el desarrollo integral, el respeto al valor de la vida debe estar en el centro de la dignidad de cada persona. La vida humana es un bien, independiente de las capacidades, características o condiciones de las personas. Los más frágiles y vulnerables son quienes requieren una mayor protección y apoyo. En este sentido, el niño que está por nacer requiere una especial preocupación, ya que es el más indefenso. Es una criatura que al nacer va a tener un destino trascendente, por lo que el derecho a la vida debe ser garantizado en nuestro país desde la fecundación hasta la muerte natural.
Esta iniciativa parlamentaria atenta contra el primer derecho humano: la vida. Y se hace con el más desvalido e inocente de todos, el que no se puede defender, el que está por nacer. De hecho, las parlamentarias han expresado su voluntad de avanzar hacia un aborto libre, gratuito y seguro, refieren que no lo han hecho en este proyecto ya que no tendrían las facultades en la Constitución para impulsar sus prestaciones. Es importante puntualizar que el aborto es un crimen que atenta contra la vida, por esto, es la sociedad y nuestro país los que retroceden. Hoy, debiéramos proteger ambas vidas, la de la madre y la del niño por nacer.

En relación con lo que ya se aprobó en la Ley 21.030 de la despenalización del aborto en tres causales en el año 2017, -y lo indicamos en esa fecha-, la madre en gestación requiere del compromiso de la sociedad, así como de políticas públicas de salud de apoyo integral en este estado de abandono y desesperanza.
La base de la real discrepancia en el tema del aborto, es que no hay un acuerdo en la sociedad de cuándo comienza y cómo se define la vida humana. La vida existe desde la fecundación, aquí se desencadena una serie de procesos biológicos continuos, es decir, un verdadero big bang biológico que no se detendrá hasta la muerte natural de la persona.
De acuerdo con la embriología, la multiplicación celular se inicia de inmediato, los pliegues craneales, que son el inicio del sistema nervioso central y el sistema ocular comienzan a desarrollarse a los 21 días de gestación. Así también, por ejemplo, se puede explicitar que el corazón se desarrolla desde los 24 días, es decir, antes del mes de gestación hay varias funciones vitales del embrión que ya se pueden identificar. En este sentido, no existe explicación biológica para diferenciar la condición de un niño en gestación antes y después de las 12 semanas.
Proteger ambas vidas no es un tema de fe o de carácter religioso, es cuidar un derecho esencial. Una sociedad desarrollada se reconoce por respetar la vida, el primer derecho humano. Al inicio y al final de nuestras vidas dependemos del cuidado de otros, lo que revela el carácter social y comunitario de nuestra existencia. En esta pandemia, esta situación ha quedado de mayor relieve. Ese “alguien” en un embarazo, tiene un código genético diferente al de su madre, es una nueva criatura que irá manifestando su vitalidad: crece, se mueve y madura. Es una persona con características propias, heredadas de sus padres, para constituirse en un ser humano, único e irrepetible.
En el caso de progresar este proyecto de ley, es crucial asegurar la objeción de conciencia de todo el equipo de salud, que tiene el derecho a oponerse a participar en el asesinato de un niño inocente. Así también, el ideario de las instituciones debe ser respetado: las organizaciones intermedias de nuestro país tienen el derecho de organizarse de manera libre en torno a sus principios. El respeto a la vida desde la fecundación es el primero de ellos. No hay ninguna ley que pueda obligar a instituciones que respetan la vida en todas sus etapas, a contratar profesionales que atenten contra este primer derecho humano.
En una sociedad que quiere avanzar hacia el desarrollo integral, el valor de la vida debe estar en el centro de la dignidad de la persona. La vida humana es un bien, independiente de las capacidades, características o condiciones de las personas. Los más frágiles y vulnerables requieren una mayor protección y apoyo. Esta ley busca instalar el aborto como un derecho de salud y por eso, más que despenalizarlo, pretende legalizarlo e instalarlo en todos los hospitales.
La vida humana es gratuidad, es un acto de generosidad, un proyecto y una responsabilidad. La defensa y protección de la vida humana es un objetivo que los pueblos y las culturas han concebido y realizado de modos diferentes. La defensa de la vida es algo que va más allá de las creencias de cada uno. Cuidemos a la madre y respetemos el derecho a vivir del niño que está por nacer, el más inocente y vulnerable de todos. Proteger a ambos es cuidar un derecho esencial y principal: la vida. En este derecho el país ha estado trabajando con gran entrega durante esta pandemia.

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